- FEB. 04, 2007 - Foto - Religiosa y Obituarios - EL UNIVERSO
#1
El mensaje de la palabra de Dios
Jesús, en la pesca milagrosa, revela su poder a sus discípulos y los prepara para que puedan seguirle.
Dejarlo todo expresa que la generosidad en el desprendimiento es un signo distintivo de los que creen y siguen a Jesús.
#2
¿Qué compromiso nos pide el Señor?
Vivir, como Pedro, el proceso de descubrir a Jesús y seguirle, dejándolo todo, para ser los pescadores que Jesús necesita. Dejarlo todo sigue siendo una exigencia fundamental para las mujeres y hombres que quieren ser pescadores de Jesús.
Dejar esas cosas buenas que nos agradan, esos momentos de descanso, tan esperados, para dedicarlos al apostolado: a las tareas que el Señor nos encomienda hoy.
En la pesca está simbolizada la actividad pastoral de Pedro y de la Iglesia.
Jesús, que había actuado de una manera directa y personal, empieza en ese momento a dar responsabilidades a los hombres que le siguen y cumplen su palabra.
Hoy Jesús nos llama a nosotros para que lancemos las redes, desde nuestro trabajo laboral, profesional y apostólico, sobre los hombres y mujeres que esperan ser salvados de la mentira, de la injusticia, del egoísmo, de la corrupción y de la desesperanza.
El encuentro personal con Cristo, en la oración, en la lectura y meditación de su Palabra, nos dará la confianza y la audacia necesarias para empezar a gritar, desde nuestra vida, que Cristo necesita nuestras manos para levantar a los caídos, que necesita nuestros pies para llevar la buena noticia a los desalentados: que nos necesita como testigos y artífices del mundo nuevo iniciado por él.
#3
¿Cuál es mi respuesta, hoy?
Si he dejado sin respuesta la llamada del Señor para ser “pescador de hombres”, ¿no sería hoy el día para hacerlo?
La comunidad parroquial es el espacio normal de nuestra pesca. ¿Me siento parte de la parroquia en la que vivo? ¿Estoy integrado en algún grupo? ¿Colaboro en algo?
Hoy es el día para asumir mi tarea de pescador en mi comunidad parroquial.
Evangelio
Lectura del Santo Evangelio según san Lucas
En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que le alejara un poco de tierra, y sentado en la barca enseñaba a la multitud. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”.
Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero confiado en tu palabra, echaré las redes”. Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados que las redes se rompían.
Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarles. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!”. Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo lo siguieron.