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Tokio recorta ayuda y pueblos rurales decaen

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Atracciones en Yubari, subsidiadas por el Gobierno, ahora están en bancarrota.
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Febrero 04, 2007

Por NORIMITSU ONISHI | YUBARI, Japón

Enterrada en nieve, la Aldea de la Historia se extendía por un valle, sin el menor rastro de los turistas a quienes, se suponía, atraería.

El lugar ha quedado en la bancarrota, al igual que su propietario, Yubari, este poblado en la isla norteña de Hokkaido.

La desventura de Yubari ha atraído atención en el ámbito nacional, en parte porque se ha convertido en una batalla entre el pueblo y el Gobierno nipón que marcará un precedente. ¿Qué tanto se apegará Tokio a su nueva política de reducir la dependencia que tiene el Japón rural del Gobierno central?

No se apreció ningún visitante el otro día al caminar por la calle, al pasar ante el museo de robots, el edificio con animales disecados, el dedicado a los fósiles, el de la vida en los años 50 o el museo de la mina de carbón.

Durante el auge económico de Japón, Tokio colmó a Yubari de enormes subsidios para construir estas gigantes, aunque mal concebidas, atracciones turísticas que atrajeron a pocos visitantes, acumularon grandes déficits y redituaron 500 millones de dólares en deudas para este poblado de 12 .828 habitantes.

Al principio era un arreglo conveniente: la provincia prosperó, los contratistas políticamente conectados tenían mucho trabajo y los mandatarios consolidaron la lealtad de los electores rurales. Sin embargo, los buenos tiempos terminaron en la década de los 90 y el Gobierno lentamente cerró los grifos financieros, lo que dejó a Yubari y otros pueblos rurales cada vez más desesperados.

Como parte de su plan para declararse en bancarrota, colocarse en manos de Tokio y liquidar su deuda en 20 años, Yubari ha puesto en venta la Aldea de la Historia y unas 20 atracciones turísticas más. Alrededor de la mitad de los 300 trabajadores de la ciudad están en proceso de irse y los que se quedan enfrentan recortes salariales de entre 30 y 70 por ciento.

Las 11 escuelas del poblado serán consolidadas en tres o cuatro; su hospital se convertirá en clínica; su biblioteca, oficinas del ayuntamiento y baños públicos serán clausurados. Los descuentos en los camiones urbanos para personas de la tercera edad serán reducidos y los impuestos locales se elevarán.

La merma inminente en la calidad de vida ha llevado a recriminaciones y acusaciones: a los políticos locales por su falta de previsión y a Tokio por alimentar la adicción rural a las obras públicas. El Gobierno ha afirmado que no comparte “responsabilidad” alguna de los problemas de Yubari y el Ministro de Asuntos Internos, Yoshihide Suga, ha presionado por recortes aun más fuertes.

Kenji Goto, alcalde de Yubari, dijo: “Hay muchos gobiernos locales, aparte del de Yubari, que están en una situación financiera desesperada. Supongo que Tokio tiene que asumir una postura dura contra nosotros”.

La actitud de convertir al poblado en un ejemplo de advertencia para los otros pueblos en todo Japón, ha causado ira en Yubari. Si éstos ya no pueden contar con el Gobierno para que los rescate, dice su lógica, empezarán a reducir costos por sí solos.

Yubari antes fue un próspero pueblo minero de carbón, con una población que alcanzó su nivel máximo de 120 mil habitantes en los años 60. Empezó a tratar de transformarse en un destino turístico en la década de los 80, al tiempo que las minas cerraban. Durante años recibió subsidios generosos de Tokio.

El poblado no dejó de construir sitios turísticos, aun después del colapso de la burbuja económica de Japón, mientras el país intentaba recuperarse. Sin embargo, pocas personas visitaban habitualmente Yubari y sus atracciones turísticas.

Mitsuo Okazaki, líder del Concejo Municipal, comentó que la principal razón por la que Yubari ya no podía cumplir con los pagos de su deuda era simplemente que los subsidios de Tokio habían disminuido.

“Cuando cambiamos de trabajar en las minas de carbón al turismo, Tokio no dejó de ofrecernos dinero para invertir”, dijo. “Así que lo que hicimos fue aceptar su oferta para así seguir construyendo proyectos de obras públicas. Sin embargo, nos quedamos con deudas”.


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