- FEB. 03, 2007 - Foto - El Gran Guayaquil - EL UNIVERSO
Figura de la memoria americana con especial significado en la de nuestro país por su visionaria labor para librarla del colonialismo hispano, Antonio José de Sucre es el héroe cuyo ejemplo debe atesorarse hoy en medio de tanta agitación que desestabiliza el desarrollo armónico de la república.
Por eso lo evocamos en esta fecha en que se celebran 212 años de su nacimiento en Cumaná, Venezuela, el 3 de febrero de 1795. Y también resaltamos sus cualidades de militar pundonoroso y magnánimo, diplomático respetuoso y culto, amigo leal que profesó entrega a la causa integracionista de Simón Bolívar.
Muy joven abrazó la carrera militar y luchó junto con Antonio Nariño hasta convertirse en el oficial de mayor protagonismo de entre los que peleaban con el Libertador; en 1821 llegó a nuestra ciudad enviado por Bolívar para apoyar los planes de emancipación total de la Presidencia de Quito que impulsaba el gobierno de la Provincia Libre de Guayaquil, y puso manos a la obra para la campaña que coronó el triunfo el 24 de Mayo de 1822.
Pero el odio gratuito, la envidia e ingratitud que ensombrecieron la vida del Padre de Cinco Naciones y su obra visionaria, determinaron que el 4 de junio de 1830 manos criminales segaran la vida del aguerrido Mariscal de Ayacucho, cuyo recuerdo sigue vigente en América y en el corazón agradecido de los ecuatorianos.
Biografías, poemas, canciones, monumentos, parques, calles, planteles educativos, pinturas, emisoras e incluso la moneda oficial del Ecuador, son el testimonio de la gratitud que profesan los miembros de países de este continente a quien se llama el Abel americano, el Delfín de Bolívar, entre otros calificativos.