En la vida económica y financiera, hay dos actitudes posibles. Los que se manejan con prudencia invirtiendo el dinero con calidad, no endeudándose más allá de la capacidad de pago y ahorrando para épocas difíciles, y los que consideran que hay que ir más allá de esas premisas excesivamente ortodoxas. ¿Quién tiene la razón? En la vida personal quizás ninguno, porque cada uno corre sus riesgos y asume las consecuencias, y hay ganadores en ambos bandos. En la vida pública es diferente: los gobiernos deciden y otros (el pueblo) pagan los errores. Por eso la posición prudente y razonable es la mejor.
Pero el actual Gobierno piensa lo contrario. Sus premisas son: la prudencia es una mala consejera, y hay que gastar los fondos que se tiene para estimular la economía (y ganar aplausos y votos para la Asamblea), esto es lo que se llama políticas cíclicas (empujan en el mismo sentido del ritmo de la economía) en lugar de anticíclicas que ahora aplican la mayor parte de países exitosos en el mundo (frenar un poco el ciclo para tener recursos disponibles cuando el ciclo se revierta). Además le agrega un picante: los que hacen demasiadas cuentas son solo contadores, y no economistas, que deben ser dejados de lado (una pena por una profesión noble como la contabilidad). Sin embargo, aunque haya tenido la mayoría de votos, el Gobierno no tiene el derecho de poner en la cuerda floja el futuro de los ciudadanos. ¿Está ya sucediendo eso? Aún no. ¿Pero puede suceder? Sí. Veamos el listado de factores propios y extraños que afectan las cuentas fiscales de este año y que nos llevan en esa dirección: a) Baja del IVA, b) aumento del bono solidario, c) más gastos en educación, vivienda y salarios, d) muy probablemente un menor precio del petróleo, e) aun más probablemente una menor producción de crudo en Petroecuador.
Frente a esto, lo que el Gobierno tiene es: a) deuda venezolana, b) arreglos (voluntarios o forzados) para pagar menos deuda externa e interna (con las implicaciones negativas que eso puede tener), c) alza de impuestos (con el riesgo de que el Congreso apruebe la baja del IVA pero no los gravámenes adicionales) y mejor control de la evasión, d) uso de los fondos petroleros dejados por el anterior Gobierno y los que se siguen acumulando por el tema Oxy y por la renegociación de los contratos.
Lo uno cuadra con lo otro, temporalmente, pero gastando una parte no despreciable de los fondos petroleros. ¿Le permitirá esto ganar votos al Gobierno? Muy probablemente, si es que logra evitar dos escollos: por un lado, no generar excesiva incertidumbre por decisiones desacertadas y peligrosas (deuda, banca, Asamblea Constituyente sin orientación) y, por otro lado, no caer en impuestos distorsionantes que afecten la vida diaria de la gente o que la gente los perciba de manera negativa.
El riesgo fundamental es: ¿y qué pasa si el precio del petróleo sigue cayendo? ¿O si se dan los efectos negativos antes señalados? El Gobierno contesta: eso no va a suceder. ¿Y si sucede?