Lunes 29 de enero del 2007 La Caja

Generosidad

Hay momentos en que las personas olvidan las rutinas diarias, los egoísmos cotidianos, las pequeñas mezquindades de cada hora y por alguna razón recuperan por unos instantes el sentido de comunidad.
 
Esos instantes pueden ser festivos... De hecho a partir de Bajtin (1895 - 1975) en sus estudios sobre el medioevo, el Carnaval se reveló como la fiesta comunitaria por excelencia, la puesta al mundo al revés, lo cual solo se realiza cuando es un asunto colectivo.
 
Hay quienes sostienen que la TV es la última divulgadora del sentido colectivo que da el sufrimiento. De hecho en una novela-ensayo de Michel Houellebecq, inspiradora y maravillosa, llamada Las partículas elementales, se propone: “Por otra parte la televisión, sobre todo el primer canal, daba una lección permanente de dignidad. De adolescente, Michel creía que el sufrimiento otorgaba al hombre una dignidad adicional. Ahora tenía que reconocer que estaba equivocado. Lo que otorgaba al hombre una dignidad adicional era la televisión”.
 
Tenemos dos ejemplos claros hoy en la TV nacional. No de sufrimiento, claro, ¿o sí? Lo primero es el pionero esfuerzo que hace el equipo de noticias de Gamavisión para montar ‘El país que queremos’, un ejercicio editorial donde se explica, se debate y se cuestiona todo lo que tiene que ver con la Asamblea. Esa es su virtud y fortaleza.
 
Comparemos: mientras Carlos Vera en Ecuavisa, Jorge Ortiz en Teleamazonas e incluso el  tibio Fernando Aguayo en TC tratan de imponer su visión de las cosas y su agenda de la política, en el nuevo espacio de Gamavisión simplemente se lleva a actores del más diverso signo a que informen a los televidentes sobre las implicaciones legales de la Asamblea o a los actores sociales para que cuestionen el estatuto electoral o lo defiendan.
 
Generosidad..., en estos días en los cuales se piensa que el punto de vista de cada quien es el único válido.
 
Pero la mayor generosidad de la semana pasada fue la de Ecuavisa.
 
El haber tratado de informar exhaustivamente sobre la muerte de la ministra Guadalupe Larriva, su hija y cinco militares, y el haber transmitido en directo todos los honores fúnebres durante la mañana del jueves y una parte de la tarde (hasta el transporte de los cuerpos a Cuenca), fue más que un gesto político el tratar de sintonizarse con un estado de ánimo general que el mismo Fausto Valdiviezo de TC (canal que transmitió ‘Mi recinto’ mientras se homenajeaba a la ministra fallecida) describió como “consternación entre la ciudadanía guayaquileña”.
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