Domingo 28 de enero del 2007 Religiosa y Obituarios

El evangelio de hoy

¿He aceptado personalmente a Jesús?

1.– El mensaje de la Palabra de Dios
La revelación de Jesús ha suscitado una respuesta de admiración y aprobación por parte de sus paisanos, que después se cambia en escándalo y rechazo. Quedan bloqueados en su camino de fe porque piensan que ese Jesús que ellos conocen, el hijo del carpintero, no puede ser el Mesías esperado. Quieren milagros, para tener una seguridad absoluta, pero Jesús no les hace caso. La historia se repite: el pueblo tampoco creyó, ahora, en el enviado de Dios.

2.- ¿Qué compromiso nos pide el Señor?
Escuchar a Jesús, reconocerle como el enviado de Dios y aceptar su proyecto de vida y comprometernos a vivirlo.
En este primer encuentro aparecen las reacciones que Jesús va a ir suscitando a lo largo de toda su predicación: admiración primero, rechazo y persecución después.

Nosotros, que nos llamamos cristianos, ¿hemos tomado postura frente a Jesús? Tal vez no lo rechazamos, ¿pero conocemos su mensaje?
¿Vivimos el estilo de vida que él nos propone?

Si nuestros abuelos tenían que contentarse con escuchar el Evangelio en latín sin entender nada, nosotros no solo lo escuchamos en nuestro idioma, sino que tenemos la posibilidad de leerlo personalmente, en familia, en los grupos.

La Biblia Latinoamericana, que la Iglesia nos ofrece desde hace cuarenta años, pone a nuestro alcance, por medio de las notas explicativas, el mensaje de esos textos y la respuesta-compromiso que debemos dar hoy.

Ser cristiano hoy implica tomar la Biblia como el libro de texto para poder conocer personalmente al Maestro y su mensaje.

3.– ¿Cuál es mi respuesta hoy?
* Si no tengo la Biblia Latinoamericana, hoy me comprometo a conseguirla.
* Para aprender a leer la Biblia, como creyente adulto, debo integrarme en algún grupo bíblico de la parroquia.
* El primer paso es la lectura personal con la ayuda de las notas. Y la reflexión del grupo nos compromete a vivir lo que hemos escuchado y asumido.

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas

En aquel tiempo, después de que Jesús leyó en la sinagoga un pasaje del libro de Isaías, dijo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que ustedes acaban de oír”. Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios, y se preguntaban:

“¿No es este el hijo de José?”
Jesús les dijo: “Seguramente me dirán aquel refrán: Médico, cúrate a ti mismo y haz aquí, en tu propia tierra, todos esos prodigios que hemos oído que has hecho en Cafarnaum”. Y añadió: “Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sión. Había muchos leprosos de Israel, en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, que era de Siria”.

Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta un barranco del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando en medio de ellos, se alejó de ahí.

Palabra del Señor.
Asamblea: Gloria a ti, Señor Jesús.

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