- ENE. 26, 2007 - Foto - Cartas al Director - EL UNIVERSO
Después de casi cinco años de construcción, se inauguró la vía Guayaquil-Santa Elena, obra que la venimos esperando los que vivimos en esta provincia desde hace 50 años.
Con justa razón y asistida de toda capacidad legal, la Comisión de Tránsito del Guayas (CTG) está exigiendo que se cumplan las normas de señalización vertical y horizontal, a la que se comprometieron los de la obra. Además, la Comisión está pensando poner los controles para hacer respetar los límites de velocidad. El pecado mortal cometido por la Comisión de Tránsito del Guayas a través de los años, es haber dado licencias a personas que no tienen ningún conocimiento de las reglas de tránsito. Es frecuente encontrar patrulleros de la propia CTG rodando a baja velocidad por el lado izquierdo, por lo que aparentemente ni los miembros de esa institución están conscientes de reglas tan elementales de conducción, y de su importancia para la seguridad de todos. Adicionalmente de la publicidad por televisión, se deben repartir volantes en los controles, que enseñen esta regla de tránsito de manejar por el lado derecho y utilizar el carril izquierdo solo para rebasar; y acompañar esta acción con fuertes multas para quienes no la observen.
James J. Higgins Fuentes
Guayaquil
Un amigo circulaba en su carro junto a su esposa e hija por el centro de la ciudad, eran las diez de la noche, de repente, una buseta que viajaba, como es común, a exceso de velocidad, apareció obligando al pequeño automóvil a girar bruscamente para no ser chocado.
Aprovechando una luz roja del semáforo, mi amigo se bajó a reclamarle al “chofer profesional” que manejaba ese medio de transporte. Al golpear uno de los vidrios de la buseta para llamarle la atención al chofer, el vidrio se rompió rasgándole el brazo a mi amigo quien empezó a perder abundante sangre. Mi amigo estaba en una oscura calle, con su mujer y su pequeña hija sin saber qué hacer. El chofer, luego de sentenciar “bien hecho, obtuviste lo que buscabas”, escapó como ya es costumbre del sitio.
Para corolario de esa historia, ni un vigilante o policía hubo a la vista. Escribo esto después de ocurridos otros accidentes donde han muerto personas y otras han quedado heridas, y saco algunas conclusiones: tenemos vigilantes que no vigilan, que cobran por dar matrícula e inspeccionar el buen estado de los carros para que no sucedan accidentes y no rueden con llantas lisas, vidrios de juguete, frenos agarrados con clips, etcétera; también tenemos choferes “profesionales” –la gran mayoría– que manejan grandes buses de transporte, y no respetan las señales de tránsito, circulan a altísima velocidad, no respetan edad ni género de las personas, ni les importa un pito la vida de los demás. ¿Porqué les dan licencia a estas personas? ¿Hasta cuándo debemos soportar abusos?
Manuel Torres Núñez
Guayaquil