Pablo Rizzo era un enamorado de la agricultura ecuatoriana y un soñador de sus posibilidades. Buscó promoverla en todos los ámbitos de su trayectoria pública: como ingeniero agrónomo, como productor, como comunicador, como dirigente gremial y como funcionario público.
Sembró en todas sus actividades ese cariño a la tierra que solo los hombres y mujeres de campo saben hacer.
Hoy que no está más entre nosotros es importante referirse a su legado. Con seguridad su mayor contribución fue elaborar una propuesta de políticas de largo plazo para la agricultura, denominada Políticas de Estado para el Sector Agropecuario 2006 - 2016. La necesidad de este tipo de políticas la fundamenta el documento en contrarrestar la inestabilidad política y de políticas que ha caracterizado la acción pública agropecuaria y que se traduce, entre otros, en una disminución sostenida del gasto público en el sector. Si en 1995 el gasto público agropecuario correspondía al 1,2% del PIB, para el año 2005 se había reducido al 0,31%. También se refleja en el hecho de que apenas el 1,2% de los productores agropecuarios recibe crédito del BNF y el 1% recibe asistencia técnica del MAG o del Iniap. Para romper esa constante discontinuidad de las políticas agropecuarias, la propuesta de Rizzo se basa en forma generosa en los diversos documentos de política elaborados por ministros anteriores y organismos gremiales y técnicos, así como sobre la base de un amplio proceso de consulta.
Se trata de una propuesta ambiciosa que busca establecer continuidad en las políticas públicas agropecuarias en torno a dos ejes: la competitividad y modernización de las actividades agropecuarias y la equidad, buscando políticas de inclusión social, con énfasis en los pequeños productores y los campesinos. La propuesta incluye doce grandes ejes de política sectorial que cubren todos los temas relevantes para la actividad agrícola, entre los que vale la pena mencionar el fortalecimiento de la institucionalidad agropecuaria, el apoyo especial a los productos sensibles para mejorar su competitividad y la asociatividad para conseguir la reactivación incluyente que propone. Esta propuesta comenzó a concretarse en proyectos ambiciosos como el de Competitividad Agropecuaria y Desarrollo Sostenible, desarrollado con apoyo del gobierno del Japón y el Banco Mundial.
Ahora que cambiamos de gobierno, el próximo ministro de Agricultura debería considerar esta propuesta de políticas como base para su acción en dicha Cartera de Estado. Seguramente hay énfasis especiales que el nuevo ministro querrá darle en concordancia con el plan de gobierno del presidente Correa: el énfasis en políticas activas de apoyo a los pequeños productores, el fortalecimiento de capacidades de las organizaciones de productores como base para el aumento de la productividad y el apoyo a las organizaciones de crédito y de prestación de servicios en el mundo rural. Pero ello no implica dejar de lado los grandes ejes de política que la propuesta de Rizzo incluye; por el contrario, requiere de esa política integral.
Con seguridad el legado más importante del ministro Pablo Rizzo será la capacidad que tenga su documento de servir de base para la acción pública agropecuaria en los próximos años. Ello nos permitirá acercarnos a su sueño: un sector agropecuario competitivo, incluyente, sostenible y honesto.