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Rafael Correa entra en la historia

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Enero 12, 2007

ZUMBAHUA, Cotopaxi | María Alejandra Torres y Wilson Benavides

En una ceremonia ritual indígena "limpia", los chayaj lo purificaron y le dieron lucidez al mandatario electo para que lleve adelante la Asamblea Constituyente.

Zumbahua fue la estrella. La cotidianidad se rompió ayer y, al menos durante unas cuantas horas, sus habitantes se sintieron el centro del mundo. Algo inédito para ellos, muy pocos acostumbrados a la presencia masiva de autoridades y cámaras de televisión.

Rafael Correa llegó hasta esta pequeña parroquia del cantón Pujilí, provincia de Cotopaxi, donde  -durante su juventud- permaneció un año como voluntario en un proyecto salesiano. Aquí, a 3.750 metros de altura, el presidente electo quiso recibir el mando de manos indígenas.
Pero de manera simbólica.

Miles de ponchos, sombreros con plumas y polleras se mezclaron en la plaza Rumiñahui con uno que otro traje sastre que aquí -a diferencia de lo que hoy será la posesión oficial en el remodelado Congreso- casi ni se veía.

A las 11:00, cuando debía concluir la ceremonia, recién empezaron los rituales por las casi dos horas de retraso de Correa. Sobre pétalos y granos secos de cebada, morocho, maíz y fréjol, el mandatario electo -quien vistió una camisa blanca con bordados indígenas- fue envuelto entre cintas de colores para recibir una "limpia". Con ortigas y otras hierbas, ocho sabios de la zona, conocidos como "yachaj", lo "purificaron" y le dieron "lucidez" para llevar adelante la Asamblea Constituyente. "No tengo pecados grandes", expresó Correa en tono de broma y, aunque todos estaban pendientes de él, de pronto las miradas se volcaron a otro sector e, inevitablemente, empezaron las ovaciones que, a ratos, parecían gritos.

Zumbahua fue la estrella, sí. Pero también el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y Evo Morales, de Bolivia. Llegaron a los pocos minutos.

Correa dejó la cancha y volvió enseguida a la tarima principal para agarrar las manos de sus dos invitados y corear: "Alerta, alerta, alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina".

Tres sacerdotes salesianos, encabezados por el italiano Luigi Ricardi, oficiaron una misa en quichua en la que destacaron la decisión de Correa de posesionarse primero ante el pueblo y luego en una ceremonia formal. Los tres presidentes recibieron la comunión y tres palomas blancas fueron lanzadas al viento.

Como parte de los ritos, el mandatario electo recibió un bastón de mando, símbolo de autoridad, poder y conducción. Se lo entregó una de las personas a quien enseñó Matemáticas en su paso por este poblado, en 1987: Rodrigo Gualotuña, presidente de la Junta Parroquial, tres años mayor a Correa, quien tiene 43.

Es que, según la tradición, el bastón -elaborado en chonta con cruces de plata- no puede ser entregado por un menor. 

Correa recibió también un acial, un látigo de cuero que -según las costumbres locales- sirve para "poner a todos a trabajar", una escoba "para barrer todo lo malo" y un poncho de lana en tonos marrones "para cobijar la esperanza depositada en él".

Se dio tiempo para bromear con su esposa Anne Malherbe, quien asistió en compañía de sus hijos y sus familiares recién llegados de Bélgica, cuando al recibir el poncho se dijo que, según la tradición indígena, "la mujer debe vestir al hombre". Minutos antes Correa había pedido que no la llamaran "Primera Dama".

Durante el acto litúrgico, el presidente electo conversó más con Chávez, con quien incluso bromeó y cantó en varias ocasiones; con Morales cruzó pocas palabras, aunque los tres se llamaron "hermanos".
Los mandatarios extranjeros recibieron retratos y ponchos como regalos.

Los alumnos de las escuelas de Zumbahua entonaron el Himno Nacional en quichua y, de pronto, el prefecto de Cotopaxi, César Umajinga, quien también fue alumno de Correa, saludó a los diputados como parte de su discurso. Inmediatamente lo interrumpieron las pifias y los gritos de "afuera diputados", "Constituyente sí, ratas no".

La movilización de algunas familias empezó desde antes de las 4:00.
Querían buenos puestos. En las carreteras desfilaban camiones repletos de indígenas. Ya en el lugar, hasta los balcones, techos de cemento o zinc, postes, rejas y barandas sirvieron para poder observar mejor a Correa.

Zumbahua fue la estrella. Al menos hasta las 13:20 de ayer, cuando los presidentes se retiraron en medio de la canción "Hasta siempre, comandante", las cámaras de televisión se apagaron y las tarimas empezaron a desarmarse.


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