Conoció “de vista” a Rafael Correa en la década del ochenta, mientras estudiaban en la Universidad Católica Santiago de Guayaquil. Ella seguía medicina y él, economía. Jamás fueron amigos. Pero tenían algo en común: estaban entre los mejores alumnos y siempre eran becados por esa institución.
Es Jenny Chang, la hermana mayor de la futura ministra de Salud, Caroline Chang, quien cuenta que siempre fue buena estudiante y abanderada escolar en el Santa Marianita de Jesús; y, en La Providencia, al terminar la secundaria.
En los archivos de ese colegio, con mucho cuidado Herminia Carrión, quien también la trató en la época estudiantil, muestra los pases de año. Ninguno tiene un promedio menor a 19. Incluso hay una copia del acta de grado con 20/20. En los recuerdos de sus maestras está latente la imagen de la joven educada y estudiosa.
Jenny también cuenta que Caroline, quien hoy está casada con un ingeniero electrónico y es madre de tres niños, decía que sería doctora desde que comenzó a hablar bien, y que sus ‘pacientes’ eran ella y su madre, Judith Campos.
Pero el año rural que realizó en puerto El Morro, cantón Playas, donde al llegar halló por consultorio un cuarto sin servicio higiénico, con una mesa rudimentaria y un desgastado banco de madera, marcó la vida de quien desde el próximo lunes será la primera mujer en manejar el Ministerio de Salud en el país.
La marcó, sostiene ella, porque desde ese momento sintió una atracción especial por la salud pública. Más aún cuando, con la cooperación de la comunidad del sector, levantó un consultorio, que ahora tiene varias áreas de servicio.
Su afición por las actividades de campo se hizo tan fuerte que desechó el sueño de especializarse en oncología. “Preferí servir a grupos antes que a unos cuantos pacientes por día”, dice. Y en 1993, con la sugerencia de la Dirección de Salud, participó en un concurso de merecimientos que la llevó a la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
“Todo lo relacionado con la ayuda a otros le llama la atención y buscó eso (la salud pública) porque conocía su misión de servicio, pero también porque era hiperactiva”, dice Jenny, al tiempo que resalta la pasión que su “ñaña Caroline” sentía por los carritos. Incluso en una Navidad le dieron de regalo uno de Batman.
La futura ministra, que tuvo su primer contacto con Correa el pasado 23 de diciembre, recuerda esa anécdota y sonríe antes de contar que sentía que la vida de las niñas era demasiado quieta y por eso siempre buscaba otras diversiones.
Tal como lo hace ahora, que tiene quince años como consultora de la OPS, actividad que la ha llevado a recorrer Ecuador en momentos de desastres, como el fenómeno El Niño o la erupción del volcán Tungurahua. Siempre asesorando al ministerio que ahora dirigirá.
Si ha colaborado con esa cartera de Estado, entonces ¿conoce bien el Ministerio de Salud? se le pregunta. Y ella dice: “No”. Sostiene que sabe del funcionamiento, pero no lo conoce todo. Lo que sí domina son los puntos neurálgicos de la salud pública del Ecuador y hacia allá apuntará su labor.
Como consultora de la OPS ha trabajado en desinfección de aguas a nivel domiciliario frente a los fenómenos El Niño, en el fortalecimiento del sector salud para atención de refugiados, la mitigación del impacto de las inundaciones en la región Costa; en la asistencia por inundaciones y la erupción del Tungurahua.
Conoce de epidemiológica e inmunizaciones, del control de enfermedades, de los riesgos ambientales y el punto focal para emergencias y desastres.
“Domina los grandes problemas de salud del Ecuador y tiene una preparación apropiada en relación con lo que es salubridad. Ojalá el presupuesto que hemos hecho en la pro forma se lo entreguen”, dice de ella el ministro de Salud saliente, Guillermo Wagner.
Sus conocimientos le servirán para hacerle frente a un posible fenómeno El Niño en este año. Es lo que le ha dicho Correa. Por eso sostiene que llegará prevenida al ministerio y sus colaboradores serán personas que conozcan no solo de medicina sino también la parte técnica de la salud pública.
Daniel Temanti, director de la sala Santa María del hospital Luis Vernaza, donde ella fue médica honoraria por casi una década, la califica como excelente profesional. Solo le señala un defecto: “Es muy bondadosa”. Y cree que la gente puede abusar de eso, porque en el área pública se corren riegos. Aunque él reconoce que “no es una mujer frágil, sino firme en sus decisiones”, piensa que “no sabe dónde se ha metido, porque meterse en política acá en el Ecuador es muy duro”.
Cuando se le consulta cómo manejará un ministerio criticado por la falta de efectividad y cómo evitará las corrupciones, especialmente en las direcciones de salud, sostiene que solicitará una auditoría no solo financiera sino también técnica que le permita saber qué recibe, y que si descubre cualquier ilícito tiene la autorización del presidente Correa para pedir sanción a quien merezca, “porque no se puede jugar con la salud del pueblo”.
Reconoce puntos débiles de su cartera. Pero considera que ha sido una de las menos atendidas; sin embargo, confía en que la salud “se convierta en una política de Estado como anhela el presidente Correa”. Por eso, su intención es desarrollar programas para mejorar el servicio que permita que los hospitales puedan fortalecer sus niveles de atención.
Otro de sus objetivos será la prevención. Está convencida de que si la población aprende cómo proteger su salud correrá menos riesgos. Para eso tiene la intención de realizar campañas de concienciación.
Y ¿qué sucederá con el aseguramiento universal? No se muestra muy crédula de él. “Hay que revisarlo”, sostiene. Porque considera que en algunos puntos no se está considerando al principal prestador de servicios, que es el Ministerio. Además cree que si se desarrolla una buena red de salud, se equipan bien los hospitales y centros de atención, se mejora al elemento humano y se dota de medicinas gratuitas a la población, es como si estuvieran dando un seguro.
Jorge Prosperi, panameño delegado de la OPS en el Ecuador, es optimista cuando habla de Caroline Chang como responsable del Ministerio de Salud, porque “sin ser perfeccionista perseverará para que las cosas se hagan bien”.
LO QUE DECLARÓ
- Una casa con avalúo municipal de $ 78.700 en Ceibos Norte.
- Cinco carros adquiridos antes del 1995, valorados en $ 15.065,24.
- Dos cuentas con unos $ 10.200 en los bancos Pichincha y Guayaquil.
- Una hacienda que es herencia de su esposo, valorada en unos $ 70 mil.
- Una compañía de comunicaciones que pertenece a su esposo.