Sábado 06 de enero del 2007 Cartas al Director

La Asamblea y el Congreso

Los diputados actuales, matusalenes de la política en el arte del amarre y la componenda, y muchos que entran al nuevo periodo, están aterrados porque sus prebendas se terminarán con la Asamblea Constituyente que vendrá en pocos meses.

Ahora sí se rasgan las vestiduras diciendo que por favor les den una oportunidad más, que sí pueden hacer lo que no han hecho antes, que quieren evitar el caos, la disolución, el chavismo, el comunismo, etcétera.
Esas solo son expresiones cantinflescas que ya nadie les cree. El pueblo esta vez ha sido claro en su pronunciamiento a favor de la Asamblea Constituyente. Estos diputaditos hasta se han atrevido a amenazar con organizar un frente de resistencia en defensa del Congreso corrupto y desprestigiado. Ahora más bien deberían aceptar, con las cabezas gachas, el pronunciamiento del pueblo soberano; y más les vale que no sigan provocándolo.

Vamos a la Asamblea Constituyente para que se imponga un nuevo orden, porque los organismos del Estado, como el Congreso, Tribunal Supremo Electoral..., ya apestan. Este nuevo Congreso deberá ser integrado solo por 60 de los más prec1aros ciudadanos, con la más elevada preparación , que laboren seis días a la semana y ocho horas cada día en contraste con payasos, bailarines, comentaristas bravucones, guardaespaldas..., que apenas asisten solo a desprestigiar tan elevada función. Que la Asamblea suprima contratos colectivos de las más importantes entidades del Estado que giran alrededor del petróleo y las generadoras de energía eléctrica. Ahora están asustados porque sus días están contados. Se han encubierto entre ellos mismos tanta sinvergüencería. El pueblo ahora les dice: ¡Váyanse a sus casas con sus sacos a sus espaldas llenos de vergüenza y no regresen nunca más!

Ing. Jorge Nazri Adum Bravo
Guayaquil

Desde que Chávez triunfó en las elecciones de 1998, la Asamblea Constituyente de absoluto poder es el estandarte de todo populista antisistema, antiyanqui u original. La idea de designar un líder como Presidente de la República otorgándole plena concentración de poder, con la creencia de ser el único medio de salir del statu quo, es considerada imprescindible.

Los pasos de la convocatoria del presidente electo del Ecuador (¿eliminación del Congreso?), selección y elección de candidatos, discusiones y consensos, como su viabilidad política, requerirán un gran tiempo de inestabilidad social, económica y política, donde lo incierto se acrecentará e impedirá la toma de decisiones en todos sus campos. Nuestro país ya tiene un antecedente fresco en la de  1998, pues algo de su contenido se lo quiso cambiar antes de su vigencia y su candado ha sido usado con fines políticos, pues logró conservar el repudiado sistema político electoral. El respeto, sumisión y cumplimiento del cuerpo legal rector ha sido violado como sus hacedores (políticos) lo han querido, y el Congreso –consensualmente la institución más corrupta– ha dispuesto la última palabra.

Considerando que muchas naciones han tomado incluso textualmente la Constitución de Estados Unidos para su país, pero con resultados muy distintos en su observancia y cumplimiento, estimo que el problema no radica en el cuerpo legal, sino en nosotros, quienes decidimos respetarla y cumplirla, o violarla como se nos permita.

Fanny Venegas Rojas
Guayaquil
Cartas al Director

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