- ENE. 01, 2007 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Cada diciembre es el mismo ritual: para la Navidad, la pantalla se atiborra de arbolitos, pesebres, lazos dorados, bombillos rojos y lucecitas de colores, luego se echa mano al champús de catolicismo y espiritualidad new age que está de moda. Cuando se acerca el final de año, en cambio, aparecen brujos, brujas, videntes, adivinos, echadores de cartas para hablar de lo que nos depara el futuro.
Al final del año, la ola de oráculos fue de magnitud mayor. Solo para ejemplificar: en el canal supuestamente más serio del país, la adivina Shirley Barahona estuvo en la emisión de medianoche de ‘Telemundo’, luego concurrió a ‘Contacto Directo’ para conversar con un nervioso Lenin Artieda, quien anunció: Yo llego hasta aquí, pero en los demás programas de Ecuavisa, Shirley Barahona seguirá con nosotros...
Los adivinos reemplazan al periodismo, al análisis y al debate. A 29 de diciembre, no se ha anunciado ni siquiera los consabidos resúmenes de fin de año, menos aún algún programa que se proponga ayudar a nosotros, los televidentes, a entender los acontecimientos de un año de hechos contundentes y trascendentes. ¿O es que el fin de año tomó desprevenidos a muchos?
En la mentalidad mágico-televisiva es más interesante especular sobre el futuro y consultar oráculos que tratar de entender los hechos.
Miguel Molina, columnista de BBC Mundo, dice en su último artículo del año “El huevo a fin de año”: Uno sabe que pasaron otras cosas que debería registrar porque son parte de la historia. Los escándalos musulmanes por las caricaturas de Mahoma, el coma de Sharon, la elección de Hamas, la celebración de los dos siglos y medio de Mozart, la asunción de Evo Morales al poder. El descubrimiento de un edén en el paraíso de Papúa Nueva Guinea, la violencia en Iraq, la perpetua migración africana hacia Europa, Líbano, y antes de Líbano la victoria de Italia en la Copa del Mundo y el cabezazo final de Zidane.
El triunfo de Felipe Calderón en México, la enfermedad de Fidel, las elecciones de Venezuela y de Brasil, de Ecuador, de Nicaragua, de Honduras, son eventos que pueden cambiar la historia y deben registrarse. Pero a uno le queda la impresión de que el año se fue mientras el mundo jugaba con la idea de dejar huella sin tener de la mosca la voluntad tenaz, como advirtió el poeta Renato Leduc.
Mientras los adivinos y adivinas anuncian lo que siempre habrá: que algunos mueren, que habrá dificultades o éxitos, que habrá renovación o estancamiento, un año más se escapó por la retina.