Decenas de ecuatorianos se quedaron en España y otros países luego de adquirir boletos en la suspendida aerolínea Air Madrid. Ahora los acompañan los regalos que compraron a los suyos y la tristeza de no volver a verlos este fin de año.
Y las maletas continúan intactas. Como intactos permanecen el uniforme del Real Madrid que tanto anhelaba enfundarse Anthony, el carro similar al de Fernando Alonso para Sergio y la cadena de oro que Jesús Gabriel luciría el día de su graduación del colegio.
La guayaquileña Maribel Arriaga aún aguarda esperanzada que un golpe de suerte le permita embarcarse el próximo martes y entregar los obsequios que compró para los tres de sus cuatro hijos. Ocho días antes de que Air Madrid anunciara el cese de sus operaciones, esta mujer adquirió dos billetes, para ella y Adonis, el menor de la familia, que hoy “son papel mojado”.
El sueldo de 800 euros (unos $ 1.000) apenas le alcanza para sostener a los suyos y pagar el alquiler de un modesto apartamento en el que vive junto a su esposo, Manuel Cordero. Por eso requirió de dos préstamos. Uno de 2.000 euros ($ 2.250) para cubrir el costo de los pasajes. Y otro de 1.500 dólares en la Cooperativa Nacional de Guayaquil para disponer de efectivo durante su estancia.
Lágrimas súbitas brotan de su rostro porque la herida sigue intacta desde aquel mal día de diciembre en que la aerolínea truncó unas ilusiones tejidas a lo largo de meses.
La inmigrante, ayudante de cocina en un bar madrileño, se vio abocada a renunciar a ese trabajo para poder reencontrarse con unos hijos que pasaron de la infancia a la adolescencia sin sus mimos y cuidados. “Es que son cinco años sin verlos. ¿Usted cree que es justo?”, se lamenta.
Además de las dificultades para recuperar ese dinero, ella enfrenta una peregrinación diaria en busca de un empleo. “Por ser inmigrantes nos han dado la espalda”, sentencia con la voz quebrada.
Pero ella no calla: “Que le digan a la ministra –en referencia a la titular de la cartera española de Fomento, Magdalena Álvarez– que no queremos que nos paguen nuestras vacaciones, porque de nuestros bolsillos ha salido el dinero y lo que han hecho ha sido estafarnos”, dijo.
Otro caso igual enfrenta la quiteña Mayra Apolo desde el pasado jueves 21 cuando el gobierno español fletó el último avión para transportar a los pasajeros ecuatorianos afectados por la aerolínea.
La mujer continuaba en la Terminal 1 de Barajas a la espera de una solución, con un niño de dos años en brazos y su esposo en los reclamos por esta situación. Alargaron su permanencia en el aeropuerto un día más. Al final, se rindieron; como muchos, recogieron sus maletas y pasaron la Navidad en Burgos. Una vez más. Van siete.
Viviana Morales, en cambio, debió comprar un nuevo pasaje en Iberia para viajar el 22 de enero con las cenizas de su madre.
En Barcelona, Maribel Jaramillo pagó 900 euros ($ 1.125) a Air Plus Comet, y seguramente la ecuatoriana ya se encuentre disfrutando de los paisajes de su Quito natal pues había previsto viajar esta semana.
Segundo Muñoz, sin embargo, no compró los tres boletos que quería para cruzar el Atlántico, el 1 de enero. Solo los reservó con 600 euros (cerca de $ 750), pero en la agencia ya le advirtieron que, de momento, no le devolverán el dinero, “que espere a ver si el gobierno anuncia alguna solución”.
Por partida doble
Son familia por partida doble. Los hermanos Roberto y José Luis Parra se casaron con las hermanas Saby y Susana Pepper, respectivamente.
Y como familia, en enero pasado decidieron comprar los pasajes para visitar Ecuador, concretamente Milagro, la ciudad natal de los cuatro.
Para ellos la pasada Navidad prometía ser un acontecimiento único después de tantos años fuera del país y lejos de los suyos. En teoría, debían haber llegado al aeropuerto de Guayaquil la tarde del 24 de diciembre, y de ahí dirigirse a Milagro para pasar la ansiada Nochebuena con los suyos. Con ellos, además, viajarían Donovan y Sergio, hijos catalanes de cada matrimonio.
“Mi mamá pintó la casa, cambió la decoración y todo para recibirnos. Compró un pavo grande, regalos. Pero todo quedó en un sueño que ojalá pudiera realizarse este 31 de diciembre”, explica Saby, que aún no se resigna a tener que pasar las fiestas lejos de casa.
“Los pasajes costaron 6.600 euros ($ 8.250). Es decir que de baratos, nada de nada”, dijo Saby, al recordar que Roberto Parra, su marido, era el más ilusionado con el desplazamiento. Es que él viajó a Barcelona hace siete años y desde entonces no ha vuelto a Ecuador. Soñaba con el viaje desde cuando tuvo los pasajes.
“Estaba tan feliz que desde febrero no ha parado de trabajar. Ni siquiera se ha permitido descansar un fin de semana, porque había que ahorrar para comprar regalos a la familia y para tener el dinero que nos permita mantenernos un mes en Ecuador”, refiere Saby.
Roberto trabajó el último año como obrero en una empresa de construcción. Ese era el empleo de lunes a viernes, ya que el sábado y domingo se trasladaba a Montmeló, un pueblo situado a 30 minutos de Barcelona, para laborar en otra obra.
Saby también tuvo que jugar sus cartas para realizar el viaje. El pasado febrero entró a trabajar en una empresa con un contrato temporal.
“Pensé que no me renovarían el contrato, pero a los dos meses lo hicieron indefinido, que es uno de los mayores objetivos cuando vives en España, porque eso da estabilidad”, dijo.
Ella tuvo que hablar con su jefe y pedirle que le adelante los días de vacaciones correspondientes al 2007. “Pero estoy en mi casa, consumiendo mis vacaciones adelantadas por culpa de Air Madrid”.
En tanto, su hermana Susana no cesa en su anhelo de hallar unos pasajes para viajar a Ecuador lo más pronto.
En el departamento que las dos parejas comparten en el barrio Santa Eulalia de L’Hospitalet de Llobregat, cerca de Barcelona, están atentos a cada llamada de teléfono de las agencias de viaje que les buscan plazas en los vuelos rumbo a Guayaquil. “Los pasajes están caros, pero qué podemos hacer. La ilusión es muy grande y debemos intentar ir por algún medio”.
ESCENARIOS
Supuesto engaño
La justicia española investigará si la aerolínea Air Madrid cometió un delito de fraude al vender presuntamente boletos para vuelos que, una vez tomada la decisión de suspender su actividad, sabía que no se iban a realizar.
Compensaciones
Aún no se aclara si existirá un sistema de compensación para los miles de afectados por la compra de boletos de Air Madrid en vuelos que nunca se efectuaron ante la suspensión de esta aerolínea, según el gobierno español, por los riesgos que esta representaba para los usuarios.
Empleados reclaman
Los trabajadores de Air Madrid decidieron convocar a una manifestación el próximo domingo para protestar ante la situación en que se encuentran por el cierre de la compañía.