En su gobierno, Saddam Hussein destinó grandes sumas de dinero a palacios opulentos, con vestíbulos de mármol, lujosas alfombras y costosos muebles antiguos.
Este mundo distaba años luz de la pobreza en la que nació el 28 de abril de 1937 en la población de Ouja, cerca de Tikrit. Su padre, un pastor sin tierras, murió o desapareció antes de que él naciera. Su padrastro, Ibrahim al-Hassan, lo trató con severidad.
De niño, Saddam escapó y vivió con un tío materno, Jairala Talfa, antibritánico y antisemita cuya hija, Sajida, se casó con Saddam algunos años después.
Bajo la influencia de su tío, Saddam se unió al Partido Baath, una organización nacionalista árabe laica, radical, a los 20 años. Un año después huyó a Egipto, tras participar en un intento de asesinar al gobernante del país, el general Abdul-Karim Kassem, y fue condenado a muerte en ausencia.
Saddam regresó cuatro años después, cuando Kassem fue derrocado por el Partido Baath. Pero el liderazgo de esa fuerza política fue derrocado ocho meses después, y Saddam fue detenido. Escapó en 1967 y se hizo cargo del aparato secreto de seguridad interna del Partido Baath.
Juró que jamás toleraría el disenso interno, que según él había hecho que el partido perdiera el poder.
En julio de 1968, el Baath volvió al poder bajo el liderazgo del general Ahmed Hassan al-Bakr, que nombró a Saddam, su primo, como el segundo funcionario de mayor jerarquía.
Saddam purgó a figuras claves del partido, deportó miles de chiíes de origen iraní, supervisó el control estatal de la industria petrolera, la reforma de la tierra, y la modernización, y se convirtió en el poder verdadero detrás de al-Bakr.
Dos años después de sellar la paz con Irán, Saddam invadió Kuwait, cuyos gobernantes se habían negado a condonar la deuda de guerra iraquí y se oponían a un incremento de precios del crudo que Iraq necesitaba para recuperarse del conflicto con los iraníes.
Las Naciones Unidas impusieron una serie de sanciones económicas a Iraq y una fuerza liderada por Estados Unidos atacó; los iraquíes debieron salir de Kuwait.
Los ataques del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos focalizaron la atención en Saddam como patrocinador del terrorismo. Su negativa a cumplir con las demandas de la ONU para que ofreciera detalles sobre su programa de armas, ofreció un justificativo para la guerra.
Una fuerza liderada por Estados Unidos invadió Iraq el 20 de marzo del 2003. En tres semanas el ejército iraquí había colapsado y Bagdad había caído. Los soldados extranjeros tiraron la estatua de Saddam en el centro de la capital y el dictador huyó hacia su tierra natal, en el norte del país. Su reinado había llegado a su fin.