Desde hace ya varios años se observa en las calles de la ciudad cómo personas de bajos recursos económicos en época de Navidad se apostan en las esquinas esperando que les regalen comida o juguetes. Se observa también una actitud que estoy seguro es motivada principalmente por la generosidad de parte de personas caritativas, a otros los moverá la alegría que da al espíritu el entregar algo a los demás y habrá hasta quienes sientan que han limpiado sus culpas y se han ganado un espacio en el cielo.
A pesar de las buenas intenciones debemos reflexionar en lo que estamos haciendo, pues ponemos a decenas de niños a correr tras un vehículo, a sus padres a correr y cruzar varias calles con niños de brazos para alcanzar a las personas que desde sus vehículos les llevan algo y a niños llorando porque no recibieron nada. Con estas acciones, sin darnos cuenta, estamos denigrando la condición humana y el respeto que un grupo social se merece, estamos creando una cultura de mendigos que espera que al menos una semana al año la gente se acuerde que existen. El llamado a las autoridades que velan por el niño y la familia, por el bienestar social, por los derechos humanos y a los dirigentes indígenas, para que canalicen los aportes y se lo haga de forma ordenada y con dignidad, para que ya no se repitan esas escenas que en lugar de levantar el espíritu nos hace ver lo mal que estamos y no hacemos nada para remediarlo.
Juan José Nieto López
Guayaquil