martes 26 de diciembre del 2006 Columnistas

¡Feliz año, Ecuador!


De pie  ante la puerta del 2007, formulo un intenso anhelo de felicidad para todos los ecuatorianos. Ojalá se conquisten todas las aspiraciones de pan, techo, trabajo, educación, salud, y un etcétera largo. Que se borren las heridas de las frustraciones de Juan Miseria. Que nos unamos todos para que se realice el deseo de que haya para cada uno el trabajo que necesita, la justicia social por la que clama. Sin que existan los beneficiarios únicos de la riqueza y los condenados a experimentar la gama inmensurable de la soledad y el hambre.

Permítase al botellero fungir de augur de días mejores. De saludar con optimismo la aparición en el escenario político de un primer mandatario joven, que ha puesto a consideración del país un programa democrático aparentemente lleno de buenas intenciones, desligado de las cofradías tradicionales. Otra circunstancia que permite esperar cambios positivos es la capacitación política del “soberano” para reclamar sus derechos con la Constitución en la mano. Este pronunciamiento cotidiano es una respuesta al desprestigio de algunos jefes de la vieja guardia.

Una conducta como esa, despreciativa de los roles y de los ciudadanos, es una de las causantes del concepto desfavorable que tiene el hombre corriente sobre los políticos es su participación irregular en los asuntos del Estado. Por desgracia, se ha identificado como político al experto en los “tirijalas” del poder, en la habilidad de tumbar presidentes y en el arte del “aquí lo puse y no aparece”.

El político verdadero es el que ha escogido el noble oficio de mandatario de la sociedad. Y más que un oficio cabría decir que se trata de una profesión de fe, pues practicante deja de lado cuanto pertenece a su interés o beneficio personal para defender, cuidar y acrecentar los bienes del Estado.

Es obvio que un servidor social de ese tipo debe ser uno de los mejores ciudadanos. Pero en muchos casos, cuando se solicita su contingente para el servicio público, suele negarse, por tener un negativo concepto del ejercicio de la política.

¡Feliz año, Ecuador; feliz año, mi patria! Que el año 2007 lo llenemos de bienaventuranza, producto del esfuerzo de cuantos amamos a nuestra tierra.

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