Tres mujeres que perdieron de forma violenta a sus hijos y esposo cuentan cómo están superando el duelo y cómo celebrarán estas fechas de Navidad y Año Nuevo, “con el apoyo de Dios” y de sus familiares.
Son historias de dolor que durante el año han podido transformarse en ejemplos de valor y esperanza, protagonizadas por tres familias a las que la acción de la delincuencia estuvo a punto de destrozar.
La primera es la de los padres de la niña Nathalia Fabara, aquella que en mayo del 2006 fue alcanzada por la bala perdida que un delincuente disparó mientras se enfrentaba a la policía, en las afueras de la oficina que la empresa eléctrica Emelgur tenía en el sector de Entre Ríos.
Ahora Mónica y Juan Fabara, a quienes les costó mucho procrear a Nathalia, esperan un segundo hijo, que saben será varón y llamarán Gabriel “como el amiguito imaginario de Nathalia”.
Isabel Morales Segovia dice que “Dios se le llevó un hijo, pero le trajo otro”. El 20 de marzo pasado quedó marcada por la muerte imprevista de Michael, de 13 años, quien recibió un impacto de bala cuando viajaba con su hermano Byron, un año menor en ese entonces, en un micro de la línea 112 con destino a sus clases de natación.
Mas el dolor de Isabel por la pérdida de Michael fue compensado con la llegada de Elián Alejandro, quien nació el 28 de abril, 38 días después de la tragedia. Para ella este alumbramiento fue una bendición de Dios.
Mientras que en el 2006, Dolores Vélez dice haber superado la tristeza y rabia que le dejó la pérdida de su esposo, Carlos Andrade, en un polémico operativo realizado el 19 de noviembre del 2003, que según la versión policial frustró un asalto a la farmacia Fybeca de la Alborada.
“Ahora me siento con ánimos de arreglarme, de ponerme más bonita, y ya no lloro como antes”.
Ella asegura que esa paz la ha encontrado en Dios. “El gozo del Señor está ahora en mi corazón. Él es mi fortaleza. Mi refugio”, señala.
Son tres historias de optimismo que valen la pena conocer y recordar en ocasiones tan llenas de espiritualidad, como la de Nochebuena.
‘Dios nos habla de diferentes formas, solo hay que oírlo’
Su vientre ha tomado la forma de una nueva ilusión. Ya tiene cuatro meses de embarazo y aún no decide cuál será el nombre del bebé.
“Siempre me ha gustado Emilio, pero siento que debo ponerle Gabriel. Así se llamaba el amigo imaginario de Nathalia antes de morir”, cuenta Mónica Núñez, madre de la niña que fue asesinada en un asalto a Emelgur.
Ella indica que cuando supo que su futuro hijo será varón sintió un poco de tristeza porque tenía la esperanza de que fuera Nathalia que regresaba para calmar su dolor y el de su esposo, Juan Fabara. “Tal vez aún no hemos hecho lo suficiente como para que Dios nos devuelva a nuestra hija”, menciona.
Para Mónica -católica, pero no practicante- la muerte de su ‘bebé, bebita, pato, lobo’ (así la llamaban) tiene un propósito en los planes del Señor. “He aprendido a comprender el dolor ajeno y estamos luchando por la justicia”, señala refiriéndose a la Marcha de las Velas que unió a miles de personas en busca de la paz.
La serenidad que mantuvo en los preparativos de la marcha asombró a familiares y periodistas que visitaban su hogar. Esa fortaleza vino de un encuentro sobrenatural.
“Cuando sentí la mano fría de Nathalia me derrumbé y dije: Dios, si en verdad me escuchas mándame uno de tus ángeles para que pueda soportar este dolor”, afirma y luego cuenta que una mujer de ojos brillantes, que le aseguró ser el ángel Uriel, tocó su corazón y le devolvió la paz. “Dios nos habla de diferentes formas, por sueños o ángeles, solo hay que oírlo”, expresa.
Esa paz se rompe al recordar las navidades que pasaba junto a su hija. “Yo le cantaba villancicos y juntas adornábamos la casa”, dice llorando. Para evitar esos recuerdos Mónica y Juan decidieron pasar las fiestas en otro país, “por el bienestar del bebé”, que tal vez nazca el próximo 24 de mayo, la misma fecha en que murió Nathalia.
“Mi fe me dice que en el mundo donde ahora está Nathalia no pasa el tiempo, no existe el dolor ni tristezas. Ella es un ángel más de Dios, como todos los niños que han muerto por la delincuencia”
Mónica Núñez
Madre de la niña Nathalia Fabara