El 20 de noviembre del presente año, el actual presidente del Consejo Nacional de Electricidad (Conelec) afirmó que “este país está condenado a vivir en la oscuridad”; mas no creo que eso sea lo único a lo que el Ecuador está sentenciado, porque con el problema eléctrico permanente, su soberanía y desarrollo económico, también lo están.
Primeramente, recordemos que el país tiene instalado, entre generación hidroeléctrica y térmica, 3.723,32 megavatios. De ello, el 47,37% (1.764 megavatios) es de hidroeléctrica. Con esta generación podríamos suplir medianamente bien nuestra demanda y crecimiento, pero durante la época de estiaje, que comienza generalmente en octubre de un año y termina en marzo del siguiente, el país no puede contar con el 80% de la capacidad de generación hidroeléctrica. Paute literalmente está inoperativa y si sumamos que a esa fecha existen unidades térmicas en mantenimiento o en proceso de reparación, no tenemos lo suficiente ni para satisfacer nuestra exigencia. Tampoco hay que olvidar que en la época de estiaje, el consumo aumenta por las fiestas de Fin de Año y por las condiciones climáticas que se dan en la Costa.
Además, la falta de acción oportuna de los últimos gobiernos y la tenacidad de ciertos grupos locales en impedir la ejecución de grandes y medianos proyectos de generación, especialmente hidroeléctricos, hacen que el país viva desde 1992 en el constante peligro de los racionamientos.
En los últimos tres años, el país ha crecido en demanda de energía eléctrica a razón de una central de 200 megavatios por año, y la incorporación de nueva energía no ha podido suplir la exigencia de más energía eléctrica. Esta es la razón por la cual ha sido necesaria la instalación de una línea de transmisión desde Colombia al país y últimamente otra desde Perú.
Esta situación genera una alta dependencia de energía eléctrica proveniente desde Colombia. Esta ya significa más del 10% de nuestra demanda promedio nacional, que superará el 14% cuando ingrese la energía que entregue Perú. Este hecho ha generado importantes ingresos para los generadores colombianos, estimados en 460 millones de dólares, que sumados a la energía y potencia que se deberá importar desde Colombia en el presente estiaje, superará los 550 millones de dólares. Con este valor bien se pudo financiar el 100 por ciento de la central hidroeléctrica Mazar (en construcción) que, como se sabe, en un proyecto de este tipo se puede financiar con crédito externo a largo plazo.
Los problemas internos de Colombia son conocidos por la comunidad internacional y han tenido efectos negativos en nuestra economía. Por una parte, los atentados contra las torres que sostienen la línea de transmisión que conduce la energía desde Colombia han significado, en algunos casos, apagones y restricciones de energía en sectores del país. Por otra, los importantes recursos económicos gastados en movilizar una buena cantidad de efectivos militares en la frontera norte para garantizar la tranquilidad, no han permitido que estos vayan a invertirse en sectores vulnerables.
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