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El primer decreto de Rafael Correa será asumir el mando; el segundo, convocar a consulta popular; el tercero, reducir el sueldo del Presidente, de 8.000 a 4.000 dólares.
Un efecto que se busca con la tercera disposición es poner un tope a los sueldos en el sector público: nadie puede ganar más que el Presidente de la República.
Cierto es que en la administración pública hay latisueldos, peor aún, asesores con muy elevadas remuneraciones, en el contexto que, como el dinero de todos no es de nadie, esas remuneraciones no guardan relación con el servicio que se presta.
Pero también hay tecnócratas de excelentes estudios universitarios y vocación de servicio público. Funcionarios de carrera honestos que saben que nunca van a hacer fortuna, pero a cambio gozan de una estabilidad económica que les permite llevar una vida sin sobresaltos, y dedicarse a sus tareas de altísima responsabilidad. Hoy se les pide que acepten una reducción en su nivel de vida, o que se vayan al sector privado.
Cuando George Washington fue electo presidente, de su entorno le recomendaban que renuncie a recibir un sueldo, por ser un hacendado acaudalado. Pero Washington rehusó: indicó que no quería poner el precedente que solo personas que pudiesen prescindir del sueldo de jefe de Estado aspiren a la Presidencia.
En su decisión de reducir a la mitad el salario presidencial, Rafael Correa también estaría tratando de establecer un principio: el que tiene que haber un tope en lo que la gente gana y que la acumulación de capital es nociva.
El programa de gobierno de Alianza PAÍS, en la misma oración en que explica que el Presidente debe bajarse el sueldo, y que nadie en el sector público debe ganar más que él, añade “que los salarios del sector privado que superen esa cifra tendrán que pagar un progresivo impuesto a la renta”.
Podrá argumentarse que en Europa del Norte existe un impuesto a la renta prácticamente confiscatorio para los niveles más altos. Pero la clase media europea no tiene que preocuparse de guardar dinero para la educación de sus hijos, porque las universidades son excelentes; ni para una emergencia médica, por los mismos motivos; los términos de la jubilación, envidiables. Para parafrasear lo que dijo en una reciente charla el ex candidato presidencial argentino Ricardo López Murphy, se nos cobrarían impuestos europeos, pero nos darían servicios africanos.
Esta preocupación de Rafael Correa o al menos de su programa económico ante la inequidad, lo lleva a condenar “las excesivas utilidades/rentabilidades empresariales que generan procesos perversos de acumulación de riqueza individual y desigualdad social”.
Cuando Deng Xiaoping abrió la economía china, y la puso en el sendero de su actual auge, sepultó al maoísmo con la frase “es glorioso hacerse rico”. Correa, en su empeño de “dejar atrás la noche neoliberal”, ¿acaso nos dará la frase “es delictuoso hacerse rico”?
Tomando en cuenta que el Presidente busca la conformación de una asamblea que reformule las relaciones económicas y políticas de la sociedad, es importante que ponga en claro si el cambio que propone es así de radical. |