Un juego de ilusiones, caridad, el plato para que todos pongan su parte del décimo, las tarjetas de consumo y los televisores para niños. ¿Qué haría con 2 millones de dólares? ¿Dónde está Papá Noel? Son las ‘Cosas de Casa’ navideñas. ‘En Contacto’ ofrece un menú de espiritualidad liviana y ‘new age’ mezclado con cristianismo y la crema para estar siempre joven y bella...
Los sets se llenan de lucecitas, adornos, cintas de colores, coronas que imitan el muérdago, arbolitos, pesebres. Como ritualmente cada año, en televisión se compite por ser el más barroco y recargado de rojos, verdes y dorados. Por ser quien pone la expresión más piadosa y angelical. O quien hace las mayores obras de caridad cristiana. Pero, también, por ser quien capta las mejores promociones comerciales, la tarjeta de crédito o débito, los sorteos...
Hay un juego que se juega en televisión por estas épocas: se inflan lo más posible las ilusiones para dejar el campo libre al consumismo que requieren los anunciantes. Simultáneamente se ablandan las conciencias con la caridad y por gotas se receta espiritualidad para “dummies”. Los programas familiares de la mañana son las mejores canchas para el juego.
Si hay un programa que simbolice todos los estados navideños, ese es ‘Cosas de casa’ de TC Televisión. El programa de entrada apuesta por la caridad. “En cuatro minutos hemos reunido ... (aquí) $ 65, allá (Guayaquil) $ 110; $ 175 en cuatro minutos”. Los bravos y los aplausos se escuchan aquí y allá. Todo por la mejor obra de caridad de estas fiestas, el ayudar a un pequeño, “quien era un niño normal y ahora tiene un tumor”, según dice María del Rosario Gutiérrez, conocida como ‘La Nena’. Luego añade: “$ 2.060 es lo que tenemos que recaudar el día de hoy”.
Sin puntos aparte o seguidos, ni siquiera una coma, ha pasado de la Credicard de un almacén de electrodomésticos a la historia del niño enfermo. ‘La Nena’ termina el episodio depositando $ 20 entregados por una desconocida en el plato de las donaciones del templo..., perdón, del programa. Es el estilo ‘Cosas de Cosa’: tampoco hay diferencias cuando Ana María Serrano pasa de las tradiciones navideñas a la crema que obrará milagros por tu piel.
En el primer momento se crea la atmósfera familiar, se logra la complicidad con el público y se hacen los guiños de ojo para que bajemos la guardia. Luego se introduce toda la artillería comercial. O si no, vean esta presentación de Diego Arcos al retornar de una extensa tanda comercial: “Y usted, ¿cómo va en sus compras navideñas? ¿Qué ha hecho? ¿Qué se ha propuesto? Realmente, está dispuesto a que este diciembre sea un mes importante para luego prepararse para el 2007, todo esto le da dolor de cabeza... Tranquilo, tranquilo, dese cuenta que con XXX al dolor de cabeza le pone fin de inmediato”.
Caridad, Navidad, la crema para el cutis, la pastilla, la tarjeta de crédito... Y los televisores para niños. La promoción de este producto es digna de una antología. ‘Anita’, Ana Buljubasich, se para ante la percha donde están los aparatos modelo Superman y Hombre Araña, y aconseja: “Estos televisores tienen una función para que los padres podamos controlar y bloquear ciertos programas. Eso es muy importante. Si usted decide poner una televisión en el cuarto de sus hijos, es muy importante que tenga esta función. Y estos televisores de XXX tienen eso y además... mire este control remoto, ¡qué precioso!”.
Ahí está el quid del discurso “cosas de casa”. La mezcla total de espacios y discursos.
Se trata de lograr que todo sea una sola cosa para poder introducir publicidad más efectivamente. En la mención publicitaria de Ana Buljubasich se mezcla la conversación de una “amiga” con la elocuencia de una vendedora de aspiradoras. ¿A quién se hace caso? A las dos, obviamente: la amiga con su consejo sobre el control de los padres está ahí para decirnos que compremos el televisor para el cuarto de los niños, pero como se debe mantener el control, nada mejor que comprar los aparatos que comercializa el almacén XXX. Con la guardia baja, es posible vender cualquier cosa.
La Navidad, pese al discurso piadoso y caritativo, no es más que un elemento adicional en la estrategia. Pero ¿qué hay de malo con la caridad en el set de televisión? Que en la TV, como en la vida real, muchas veces se utiliza la caridad como el recurso para ocultar las injusticias más dolorosas de un país. La caridad es funcional a quienes tienen el poder y ejercerla funciona como válvula de escape y detergente social. Y en este caso, además, como un espectáculo televisivo de trasfondo moralista: Nosotros los caritativos, piadosos y buenos. Ellos los malos, insensibles, corruptos. Juan Carlos Castillo lo dijo claramente: “En este país la gente es buena (piadosa y caritativa), de no ser por unos 15...”.
Lo dijo como reacción a los mensajes de los televidentes sobre cómo gastarían $ 2 millones (los de la Lotería, suponemos). El juego de las ilusiones va en directa proporción al estímulo y muchos televidentes “mensajean” diciendo que van a dedicar parte del dinero a obras benéficas y a establecer fundaciones (ahora que hasta Shakira tiene una), aunque no falta un sincerote que anuncia sus navideñas y gordas intenciones: “Me operaría la nariz porque la tengo muy fea”.
Exactamente: en la moderna Navidad televisiva ya no hay villancicos, novenas ni fantasmas del ayer o del futuro, sino realities y cambio extremo.