Para quienes repiten el estribillo de que Latinoamérica camina toda unida por la vereda de la izquierda hacia la construcción de un paraíso neosocialista luego de la oprobiosa pesadilla neoliberal, la reciente cumbre en Cochabamba ha servido para confirmar lo contrario.
Con pocas excepciones, los presidentes que asistieron lideran en sus respectivos países políticas favorables a la globalización, mercado y democracia constitucional. La presidenta chilena –a quien se menciona como prueba de que la región ha optado por el neosocialismo– fue enfática en advertirles a sus colegas en Cochabamba no temerle a la globalización, sino aprovecharla. Chile, probablemente el único país que se ha aproximado al paradigma neoliberal, tiene como política de Estado firmar tratados de libre comercio (TLC) con las potencias desarrolladas.
El caso de Tabaré Vázquez, un ex guerrillero tupamaro que llegó a la presidencia de Uruguay con una coalición de izquierda, es parecido.
Una de sus primeras decisiones fue firmar con Estados Unidos un tratado de protección de inversiones para atraer capitales de ese país.
Como en todos estos tratados, el Uruguay en dicho convenio asume como obligación internacional proteger las inversiones, garantizarles seguridad jurídica y en caso de divergencias acatar lo que un tribunal internacional resuelva. Pero Tabaré ha ido más lejos. Activamente ha buscado las inversiones, logrando que industrias papeleras extranjeras inviertan más de un billón de dólares en Uruguay. Esto le ha valido la animosidad de Buenos Aires. Hoy Uruguay está considerando, además, la firma de un TLC con Estados Unidos. Con cierta ironía señaló en Cochabamba que estas cumbres “son muy lindas” porque los mandatarios gustan sacarse “hermosas fotos de familia”. Los gobiernos de Colombia y Perú no distan de la visión económica chilena, así como los de México y Centroamérica.
Que Brasil sea probablemente el único país latinoamericano que por el tamaño de su economía no necesite inversión extranjera, ni insertarse en la economía mundial, no ha hecho que Lula se aparte de la política del ex presidente Cardozo en favor de una economía de mercado, disciplina fiscal y apertura. Brasil sigue siendo en el mundo uno de los países con mayor presencia de multinacionales. Algo similar sucede en Argentina. En su reciente viaje a Nueva York, el presidente Kirchner no solamente que fue invitado a dar el timbrazo de apertura de una sesión de la Bolsa de Valores –icono del capitalismo americano– sino que cortejó a los inversionistas estadounidenses dándoles tranquilidad y confianza.
Cuba, Venezuela y Bolivia son ciertamente excepciones a la regla. No es una coincidencia que las tres viven procesos dictatoriales. En todo caso, Cuba está por terminar su larga noche de autoritarismo y pobreza. Venezuela –la segunda nación más corrupta de la región– está sometida por el oprobioso culto a la personalidad de un engreído chabacano que deshonra la memoria del Libertador bajo un manto supuestamente ideológico. Y Bolivia, gracias al autoritarismo de Morales de imponerle a rajatabla “su” Constitución a la Asamblea Constituyente, está por desmembrarse en una guerra civil. ¿Y Ecuador?