lunes 11 de diciembre del 2006 Columnistas

Las lecciones del presidente Lagos


A pocos meses de inaugurado el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet varios libros y conferencias hacen un balance del gobierno de su antecesor, el muy popular Ricardo Lagos. Este concluyó su mandato con el 60% de aprobación ciudadana y apenas el 23% de desaprobación, apoyo que provenía de los ciudadanos, independientemente de su adscripción ideológica, nivel de ingreso o lugar de residencia, por lo que un artículo reciente denomina a Lagos como un presidente de todos los chilenos. ¿Cómo logró esto un militante histórico del partido socialista de Chile, que tuvo que pelear para convertirse en el tercer presidente democráticamente electo después de la larga noche pinochetista?

Son varias las claves de su éxito. En el ámbito constitucional Lagos logró que el congreso pasara reformas que incluyeron terminar con los senadores designados, reposicionar el papel de los militares y dejar que la justicia y las comisiones sobre torturas destaparan los horrendos crímenes de la dictadura y llevaran a la justicia a sus principales artífices, comenzando por Pinochet.

La política económica estuvo basada simultáneamente en generar gobernabilidad, una preocupación sobre el efecto redistributivo de las políticas y en ese contexto buscar maximizar el crecimiento económico. Ello incluyó generar consensos, políticas macroeconómicas anticíclicas, políticas activas dirigidas a lograr crecimiento económico y promoción de la competencia en los mercados.

La inversión pública se expandió considerablemente y hoy Chile cuenta con un sistema de carreteras y vías urbanas y rurales que se comparan favorablemente con las de cualquier país desarrollado. ¿Cómo lo hizo? Se concesionó al sector privado las dos primeras, dejando que este hiciera las grandes inversiones requeridas, al tiempo que liberaron valiosos recursos estatales, para mejorar carreteras y caminos vecinales en zonas rurales y agrícolas del país.

Otro elemento central fueron las políticas sociales, donde Lagos se alejó de las políticas focalizadas de atención social, para promover la universalización y calidad. El Plan de Acceso Universal y Garantías explícitas de Salud busca garantizar acceso a la atención médica a todos los pacientes con patologías preestablecidas. En educación se promovió el Plan de Escolaridad Completa y la Ley de Jornada Escolar Completa, que incluye subsidios a las familias pobres, para garantizar doce años de escolaridad obligatoria gratuita y mejorar el acceso y la calidad de la educación.

La política internacional de Lagos tuvo como característica la coherencia entre objetivos políticos y comerciales y en principios de regionalismo abierto. Ello incluyó una acción amplia en foros internacionales, promoción de temas basados en valores fundamentales y búsqueda de alianzas comerciales, tanto en el ámbito multilateral, como regional y bilateral. Firmó TLC con Estados Unidos, Europa, Canadá, Corea y China. Sin embargo, sus prioridades fueron claras: cuando tuvo que votar en el Consejo de Seguridad contra la invasión norteamericana a Iraq, lo hizo, sabiendo que esto podía terminar las negociaciones comerciales con Estados Unidos.

No es que Lagos solucionara todos los problemas, de hecho la desigualdad, la limitada participación y mejorar los servicios sociales siguen siendo desafíos pendientes. Pero ellos surgen del éxito y de la coherencia y consensos de las políticas y no como señala Alan Angell, de la desesperación, como parece ser el caso de Colombia y Bolivia y seguramente de nuestro país.

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