Convertirse es aceptar el estilo de vida de Jesús
1.– El mensaje de la Palabra de Dios
Juan predica la conversión, como cambio de vida, y exige de sus oyentes los frutos que prueben la autenticidad de su conversión personal.
El mensaje del Bautista es la buena noticia que prepara el tiempo nuevo, que se iniciará con la predicación de Jesús, para insertarse en el hoy y en el aquí de la historia de la salvación.
2.– ¿Qué compromiso nos pide el Señor?
Vivir el Adviento como la gran oportunidad de conversión que nos ofrece el Señor a los que vivimos este momento concreto de la historia actual.
Lucas subraya que en aquel momento, y en aquel lugar, resonó la palabra de Dios por medio de Juan. ¿Somos conscientes de que hoy y aquí se repite ese mismo acontecimiento cuando se proclama la Palabra en la celebración eucarística dominical?
Si aceptamos esta verdad, deberíamos preguntarnos con qué sentimientos venimos a la celebración dominical, y hasta qué punto estamos dispuestos a escuchar la llamada del Señor, y a llevar a la vida el mensaje que nos trae su Palabra.
En el hoy de este Adviento, sigue resonando la llamada del Señor que viene al encuentro de los que aún no le conocen, o no le han aceptado en su vida.
La conversión no puede quedarse en buenos deseos: debe pasar al campo de las decisiones y cambiar nuestra manera de vivir.
Convertirse no es ni algo privado, ni escaparse de la vida real: nos convertimos a Dios y a los hermanos, y lo hacemos trabajando eficazmente para hacer más justa, más solidaria y más fraterna la convivencia humana, “para que todos vean la salvación de Dios”.
3.– ¿Cuál es mi respuesta hoy?
– Por nuestra forma de participar en la Eucaristía dominical, ¿se puede deducir que es Cristo el que nos habla en el hoy y el aquí de esta celebración?
– ¿Cuándo escuchamos el mensaje del Señor y tratamos de asumirlo y nos comprometemos a vivirlo en compromisos concretos?
– ¿Qué debería cambiar en mi vida, en este Adviento, para celebrar la Navidad?
Lectura del Santo Evangelio según san Lucas
En el año decimoquinto del reinado del César Tiberio, siendo Poncio Pilato procurador de Judea; Herodes, tetrarca de Galilea; su hermano Filipo, tetrarca de las regiones de Iturea y Traconítide; y Lisanias, tetrarca de Abilene; bajo el pontificado de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino la palabra de Dios en el desierto sobre Juan, hijo de Zacarías.
Entonces comenzó a recorrer toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de las predicciones del profeta Isaías: “Ha resonado una voz en el desierto: Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos. Todo valle será rellenado, toda montaña y colina, rebajada; lo tortuoso se hará derecho, los caminos ásperos serán allanados y todos los hombres verán la salvación de Dios”.
Palabra del Señor
Asamblea: Gloria a ti, Señor Jesús.