La Asunción (Azancoto) ha contado con un patrimonio en su historia, geografía, fauna, con elementos que hablan de la riqueza de este lugar, de lo que es hoy la provincia Bolívar. Entre las diferentes especies de aves domésticas que existían en este lugar hace unos 30 o 40 años estuvo el pacharaco. Muchos incrédulos no dan fe a los relatos, a las anécdotas, a las tradiciones.
El pacharaco fue un ave de tamaño regular, un tanto más grande que una paloma, de un plumaje atractivo y vistoso; su gorjeo es bastante melódico y alegre, con un distintivo de entre algunas aves; la pacharaca solía hablar cantando, por lo regular en las mañanas y en su canto decía: ¡a trabajar, a trabajar, despierta, a trabajar!, y el pacharaco macho decía desde su nido: ¡¿para qué, para qué?! En el ramaje o en la jaula, como también en el pingo de la casa decía: para qué, si no sé trabajar, ¿qué te crees? Mucha de las ocasiones solían juntarse y cantaban muy bonito.
Por lo regular su vivienda eran las copas de los árboles, pero las domesticadas vivían muy tranquilas en jaulas, aunque de vez en cuando el dueño las sacaba para que se dieran un baño de tierra. En la vivienda donde tenían a los pacharacos, el ladrón o el joven enamorado no podía llegar porque los pacharacos enseguida llamaban a los dueños de casa.
Wellington Bazante A.
La Asunción, Bolívar