- DIC. 05, 2006 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Las telenovelas se han apoderado del fin de semana. Gamavisión ratifica su vocación por el melodrama y dio el siguiente paso: programar telenovelas en cualquier resquicio que dejara el fin de semana.
TC Televisión sigue la tendencia con ímpetu. El texto del anuncio bien puede decir lo siguiente: “Para todo aquel caballero o damita que se ha perdido los capítulos de sus teleseries favoritas, aquí les daremos un maratón de gritos, lloros, amenazas, malos y malas sin alma, maquiavélicas y maquiavélicos que diseñan elaborados planes de maldad, buenos y buenas con alas y mucho sufrimiento, etcétera.
El comportamiento de la población ha cambiado en estos años. La vieja imagen de la ama de casa ocupando sus tardes con la plancha, los niños y la telenovela ya no es el retrato de la época. En muchísimas familias, hombres y mujeres deben salir a buscarse la vida fuera del hogar. Hay otras que combinan la actividad exterior con pequeños negocios familiares y caseros, donde la televisión es la compañera de fondo.
Ese público con otros comportamientos, ¿qué televisión necesita?, ¿qué televisión pide?, ¿qué televisión recibe? Se trata de un televidente (y ojo con esto) cuyo espacio de relación con la televisión es el fin de semana. Pero los nuevos hábitos reflejados en nuevas tendencias de consumo no tienen correlación con una oferta distinta de televisión, especialmente en los días de descanso.
Viejas películas, el infaltable festival de Cantinflas y ahora como gran novedad las telenovelas. El público cambia, la televisión no. Todo lo contrario, la oferta de telenovelas apunta a crear adictos a las teleseries en un público que ahora no lo es por cuestiones de trabajo, de horarios o de gustos. Debe haber cientos de personas que comienzan a quedar enganchadas por una oferta que tiene al melodrama y al fútbol como sus bases. Así se alimenta el círculo vicioso.
Entonces vienen los programadores con el rating en la mano y nos dicen: “Eso es lo que quiere el televidente y eso le daremos. No importa que en las encuestas el 90% diga que la televisión es una porquería si luego ese mismo 90% consume la basura que le damos”.
Todos encantados, entonces. ¿O no? “La televisión ha perdido el rumbo –me escribía un lector– si pretende que María Teresa Guerrero, Teresa Arboleda o Richard Barker sean los modelos de vida” . Así es, pero está más perdida al crear unos televidentes con unos hábitos muy básicos para más tarde quejarse de que “no hay cómo ofrecer ningún programa de calidad o por lo menos con algún nivel de sofisticación”.