Domingo 03 de diciembre del 2006 Cartas al Director

‘Los 38 de la Fama’

Finalizaba el año 1975 y en un supermercado, mirando los libros que estaban en exhibición me llamó la atención uno que tenía el título que encabeza esta carta, y al revisar la contraportada me enteré que su autor era un escritor inglés y que escribía sobre los mejores 38 futbolistas del mundo. Lo adquirí por constar jugadores extraordinarios del balompié, que seguramente las nuevas generaciones desconocen en nombres y hazañas de ellos.

En el índice: el nombre de cada jugador y su nacionalidad, por razones de espacio y por haber transcurrido 31 años no puedo citar a todos, ya que el libro lo presté a una persona ligada al deporte que nunca me lo devolvió, sobre este particular sobran los comentarios. Ojalá que lo conserve y comparta su lectura con quienes se interesan en el deporte.

El Divino Zamora, Yasín, los dos arqueros excepcionales, español el primero, ruso el segundo; Alfredo Di Estéfano, argentino; Sir Mathews, inglés; dos húngaros: Csibor, Ferenc Puska, recientemente fallecido; por Uruguay: Roque Máspoli, Obdulio Varela y Alberto Spencer Herrera, entre otros.

Al revisar el capítulo dedicado a nuestro compatriota decía: “nacido en Ancón, campo petrolífero de Ecuador...”. Narraba la entrevista que le efectuó en 1966 en el aeropuerto de Barajas de Madrid cuando se aprestaba al chequeo para abordar el avión de retorno a Montevideo, después del partido con el Real Madrid, al que Peñarol derrotó con un gol de Spencer, para obtener la Copa Intercontinental. Continuaba diciendo más o menos lo siguiente: “destacaba entre sus compañeros por la agilidad, elasticidad y elegancia de sus movimientos; mientras caminaba presuroso, le solicité una entrevista y él accedió con buena disposición, pese al cansancio y la estrechez de tiempo. Dueño de un gran señorío y a la vez de gran sencillez, sin afectación contestó a mis preguntas”. Relata muchas de las anécdotas del gran Alberto, y este escritor inglés, lamento no recordar su nombre, destaca sobremanera la calidad humana y don de gentes que poseía.

Spencer nació para ser futbolista y más que nada diplomático, estudió en la mejor universidad de la vida, su nombre: “hogar Spencer-Herrera”. Sus progenitores supieron inculcarle buenos valores y virtudes. En muchas ocasiones, conversando con el desaparecido Sr. Colón Arteaga, ligado con el Everest, me contaba de la gran influencia de los consejos y disciplinas que le inculcó su hermano Marcos, el imparable puntero derecho, a quien las graderías lo bautizó como el Colectivo, por la gran velocidad que poseía.

Una sugerencia: con el libro Dos palabras para el gol: Alberto Spencer de Subarú y solicitando la cooperación de la directiva del Peñarol de Montevideo, que debe guardar en su biblioteca y archivos múltiples artículos sobre Spencer, realizar un libro que será a no dudarlo de gran influencia y motivación para nuestros deportistas, especialmente para los jóvenes del semillero de fútbol.

Dr. Humberto Torres Sánchez
Guayaquil
Cartas al Director

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