El Ecuador se encuentra a las puertas de una explosión epidémica de VIH. Un reporte de Unicef del 2005 compara los índices de prevalencia del virus en la población ecuatoriana a los países del Caribe y África hace quince años, justo antes de que la epidemia se saliera de control.
Debido a la inestabilidad política de los últimos años, la respuesta del sector público ecuatoriano a este peligro ha sido errática e insuficiente. Es por eso que es necesario que la sociedad civil se involucre de una forma contundente en la lucha contra el VIH.
Una de las áreas donde se puede obtener más impacto contra la epidemia en el futuro inmediato es en detener la transmisión vertical (madre a hijo).
Esto implica que toda mujer embarazada, independiente de su estrato social, se realice una prueba de VIH para detectar el virus a tiempo. En caso de que el examen sea positivo, esa mujer puede acceder a un tratamiento relativamente sencillo que permite que su bebé nazca sano.
La importancia de aplicar políticas así se ilustra con los siguientes ejemplos:
En 1990 Brasil y Sudáfrica tenían la misma prevalencia de casos de VIH: un poco más del 1% de la población. Brasil siguió una política proveyendo educación, pruebas gratuitas a su población y consiguiendo rebajar el costo de los fármacos. Sudáfrica se negó a reconocer la epidemia, promovió remedios caseros y no promocionó ni la educación sobre la enfermedad ni el acceso a pruebas. Hoy Brasil tiene un índice de prevalencia de 0,3% de su población, mientras que en Sudáfrica es del 25% de su población adulta.
En comparación al Ecuador de hoy, en el 2006 el porcentaje de incidencia encontrado en Guayaquil es casi 2% de su población, y en ciudades del sector rural provincial ese índice sube hasta 4%. El promedio nacional, con todas sus falencias de casos subreportados, se encuentra en 0,45%.
La “feminización” de la epidemia continúa: mientras hace pocos años había 10 hombres con VIH por cada mujer con VIH, en 2005 hubo 2,4 hombres por cada mujer, y en lo que va del 2006 son apenas 1,7 hombres por cada mujer. Es decir, hay cada vez más mujeres afectadas por el VIH en Ecuador, igual que en el resto del mundo. El mito que la enfermedad es exclusiva de hombres homosexuales es hoy en día solo eso, un mito. Una epidemia viral no reconoce género ni orientación sexual.
Según estadísticas recientes, Guayas tiene el 57% de los casos nacionales de VIH/sida. El grupo de edad más afectado es el de 20 a 39 años (72% de los casos). El grupo por ocupación más afectado, con 24% de los casos, es el de “quehaceres domésticos”, compuesto mayoritariamente por mujeres.
Que la enfermedad es exclusiva de prostitutas, es también solo un mito: a un virus no le importa la ocupación de su víctima.
En síntesis, el Ecuador se encuentra a las puertas de una epidemia de VIH/sida en su población general. La ineficiencia de los sectores de salud, la ignorancia y el estigma social han contribuido a que la epidemia continúe su camino. Solamente haciendo un esfuerzo unido entre el sector público y privado, dejando atrás la corrupción de autoridades por parte de las grandes farmacéuticas y extirpando el protagonismo egoísta de médicos que velan más por cotizarse en talleres y figurar en los medios que por su entrega a salvar vidas humanas, podremos avanzar contra esta plaga.
Sí se puede vencer al VIH/sida. El primer paso es educar e informar a las mujeres embarazadas. Si la mujer tiene fácil acceso a la prueba de VIH, descubre a tiempo que es portadora del virus y se trata con medicamentos, se puede reducir prácticamente a cero la cantidad de niños que nacen con VIH.