Jueves 23 de noviembre del 2006 El País

En bodegas reciben las clases niños evacuados

COTALÓ, Tungurahua | Wilson Pinto

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COTALÓ, Tungurahua.– En el subcentro de salud de Cotaló se ha improvisado un aula de la Escuela Zamora, de Bilbao, que además sirve de bodega para los víveres de los damnificados que allí están albergados.

En zonas afectadas por el volcán bajó la asistencia a clases. Maestros y padres claman por mejorar escuelas.

El 4 de septiembre los planteles educativos de Cotaló, Pelileo (Tungurahua) y de Bilbao (Penipe-Chimborazo) no comenzaron las actividades del año lectivo 2006-2007 igual al resto de establecimientos de las regiones Sierra y Oriente.

Las autoridades afirmaron que se necesitaban quince días más para arreglar los daños causados en las infraestructuras por la erupción del volcán Tungurahua de la madrugada del 17 de agosto. Pero hasta ahora,   profesores y estudiantes continúan dictando y recibiendo clases en los cuartos de la casa parroquial y el subcentro de salud de Cotaló.

La labor se desenvuelve en condiciones antipedagógicas, en medio de los albergados que se encuentran de pie o sentados en el piso. “Aquí no tenemos los materiales necesarios para el trabajo, aseguró Amanda Ponluisa, directora-profesora de la escuela unidocente Rafael Gómez, de Chacauco.

La maestra reclama la entrega de un área propicia para realizar las actividades educativas; asevera que no hay nada previsto para el arreglo de la escuela –que se destruyó con ceniza y cascajo– en espera del reasentamiento de esa comunidad en La Paz.

Algo similar sucede con la escuela Zamora que funcionaba en Bilbao, cuyos estudiantes se han dividido en dos grupos para educarse, unos en el convento y otros en  el subcentro de salud de Cotaló.

Flavio Pérez, director-profesor del plantel, explica que todo se tiene que improvisar para poder enseñar algo a los estudiantes, mientras labora en un cuarto en donde apenas entran seis pupitres.

Tanto Ponluisa como Pérez manifiestan que después de la erupción el número de estudiantes disminuyó en más del 50% porque las familias salieron en busca de trabajo a otras provincias.

El rendimiento de los alumnos también disminuyó, están temerosos por la erupción o se distraen porque  los albergados caminan de un lado a otro, a su alrededor.

Lo primero obligó a los directores y profesores a tomar clases de psicología para ayudar a superar los problemas de los niños.

Entre tanto, Los padres piden ayuda para la movilización de sus hijos. El vicepresidente del Comité de Padres de Familia de la escuela de Chacauco, Danilo Pallo, solicitó que mientras funcione el plantel en Cotaló se ayude a las veinte familias de la comunidad que gastan hasta diez dólares diarios para el transporte de los niños.

Ellos gestionan el regreso de los infantes a la escuela de su comuna, pues dicen que la ausencia de los niños ha hecho deprimente la localidad.

El País

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