- NOV. 21, 2006 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Ideas del Sur es la productora de Marcelo Tinelli, aquel personaje de las pantallas argentinas que ha inspirado tantos programas de TV y a tantos locutores de radio en el Ecuador.
Su éxito más reciente en las pantallas se llama ‘Bailando por un sueño’. Una producción donde pone en juego el sueño de una persona común y corriente (como parte melodramática) que le toca tener como compañero de baile a un “famoso”.
El reality desembarcó en el Ecuador vía Gamavisión. Formalmente, el show dominical es lo mismo: varias parejas conformadas por famosas/sos y una persona común y corriente. Esta última tiene siempre una historia dramática que contar. Luego viene el concurso de baile, la acción del jurado y los “duelos”.
En el original de Tinelli hay una diferencia fundamental: el jurado califica al famoso y nunca a la persona anónima, lo cual crea rencillas entre unos y otros. Conflictos entre los famosos con los otros famosos. Y del jurado con todo el mundo. Para completar el círculo, las rencillas y peleas luego pasan a ser pasto de los programas de farándula. Nos cuenta un lector de esta columna en Buenos Aires que tales programas “ponen a sus reporteros a perseguir por todo Buenos Aires a los famosos y al jurado (compuesto por otros famosos, por supuesto)”.
En las primeras emisiones de ‘Bailando por un sueño’ de Gamavisión aún no ha sucedido eso. Lo que se ve ahora en las pantallas ecuatorianas es la explotación del melodrama. Hay una concentración en las historias tristes hasta las lágrimas de los concursantes no famosos. Todos tienen un pariente cercano que necesita una operación, un hijo o un padre que necesita tratamiento médico urgente, etcétera. Los famosos, en cambio, están dedicados a causas nobles y caritativas.
En el original de Tinelli predomina la televisión, en la versión ecuatoriana es el lavado de conciencia que se acerca a aquel subgénero llamado con propiedad pornomiseria. Es decir, convertir a los dramas personales y particulares en comidilla mediática.
Imaginen el problema: ¿Tiene el Ecuador una verdadera farándula? ¿Hay una obsesión por el show bizz como sucede en Buenos Aires? ¿No es la vocación por la telenovela lo que define los ratings en nuestro país? La solución del programa es dar mayor peso al melodrama y convertir a los famosos en almas piadosas dispuestas a bailar.
Una operación que no deja de tener sus pequeños conflictos internos: Roberto Rodríguez actúa como parte del jurado, mientras la mimética Yuli quiere a toda costa ganar protagonismo como conductora, siendo juez.
¿Qué sería del ‘Bailando por un Sueño’ ecuatoriano sin el melodrama? Un programa de coreografías evitables y repetitivas, nada más.