Lunes 20 de noviembre del 2006 Cultura

Bocca se despidió del país por todo lo alto

QUITO | César Ricaurte

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QUITO.– Julio Bocca ofreció el pasado sábado, en el Teatro Nacional Sucre, la primera función de su espectáculo Bocca Tango. Lo acompañó Cecilia Figaredo.

El bailarín argentino incluyó a Ecuador en la gira de despedida de su carrera. Anoche anunció dar la segunda función de su show.

LA TARDE DEL viernes pasado recién desembarcado del avión que lo trajo desde México hasta Quito, Julio Bocca había declarado que se retiraba en su mejor momento profesional y que eso lo llenaba de orgullo.

Lo que podría parecer una frase defensiva, sobre el escenario del Teatro Nacional Sucre el pasado sábado se convirtió en una verdad contundente: Julio Bocca está en un gran momento, técnicamente impecable y con las piezas de sus espectáculos funcionando a la perfección.

El espectáculo Bocca Tango fue eso y más. La primera figura del Ballet Argentino es el sustento, la atracción principal, alguien que en cada una de sus salidas hechiza y se roba el escenario. Pero el montaje es integral: Cecilia Figaredo y Ana María Stakelman, partners de Bocca, preciosas, precisas y esforzadas. El resto del elenco bailando con altísimo nivel. Noelia Moncada y Esteban Riera, dos cantores de tango extraordinarios y Julian Vat en la dirección de un sexteto de músicos que no le pide nada a los mejores grupos tangueros.

Un espectáculo integral que comenzó con Riera interpretando Mi Buenos Aires Querido, el clásico gardeliano. Siguieron Maipo y Sueños de Juventud, con los primeros pasos de baile. Bocca desde el inicio de su intervención fue un torbellino de energía y de técnica perfecta.

Sin embargo, Bocca Tango llega a su punto con Piazzolla: Invierno Porteño, Buenos Aires Hora Cero, Siempre se vuelve a Buenos Aires. El clímax se alcanza en Oblivion, Pavadita y los Estudios Tanguísticos de Piazzolla que se acompañan con un Último café, de Castillo y Stampone. Fue en esos momentos, cuando Julio Bocca protagonizó dúos de impresionante plasticidad que se desarrollaron alrededor de una mesa o una silla y que desembocaron en un desnudo de altos quilates estéticos.

El público a esa altura estaba seducido por el arte de quien está considerado el mejor bailarín del mundo y por un espectáculo sin ninguna fisura, discontinuidad, desbalance o quiebre. Tal y como lo había descrito el argentino en la conversación con este Diario.

La primera parte de Bocca Tango se cerró con Romance del diablo y Negracha, piezas no muy conocidas de Piazzolla y Pugliese, que fueron espacios perfectos para demostrar los aciertos coreográficos que se han venido sumando desde el 2001, cuando se estrenó el espectáculo.

Luego del intermedio, sonó El viejo vals, letra de J. González Castillo y música de Charlo. Noelia Moncada y Esteban Riera la interpretan juntos.
Siguen más piezas de Piazzolla, pero el punto central se alcanzó con una sucesión de temas clásicos: Naranjo en flor, Balada para un loco, Cencerro y El día que me quieras. Nuevos dúos bellísimos y un solo de Bocca que arrancó los mayores aplausos.

Al final, el público ovacionó de pie y por largo rato a todo el elenco, pero en especial quería despedir a Bocca con todo el cariño y la admiración que provoca su arte.

Era verdad, no un lugar común: Julio Bocca se va en su mejor momento. En la retina queda grabado su maravilloso espectáculo.

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