Es verdad que ciertos países "adelantados" no llegaron a adoptar del todo los baños diarios, el uso de los desodorantes pero Ecuador tiene la particularidad de ser un país de gente sumamente limpia: ni siquiera las personas de poco dinero se descuidan en este aspecto, a pesar de las penurias, la falta eventual de agua.
Hay de repente lamentables, aunque escasas excepciones, en los hospitales o sitios de buen comer. Epicuro quisiera poner en guardia a los dueños de restaurantes para que no descuiden aquel importante aspecto. Es intolerable, cuando el mozo de turno pone delante de nosotros un plato o una copa, recibir de frente un tufillo de sudor oxidado.
Por elemental ética no daré nombres de establecimientos. El mayor problema es que las personas que no usan desodorantes no se huelen a sí mismas, probablemente porque se acostumbraron a su propia tufarada, racha de olores sospechosos que pueden quitar el apetito a cualquiera.
Los restaurantes deben mostrar cocinas de impecable higiene, personal de aseo irreprochable. También es preciso, antes de que lleguen los clientes, eliminar las moscas por medio de insecticidas que no tengan olor penetrante. Los camareros deben cuidar sus manos, tener las uñas debidamente limpias, no meterse los dedos en la nariz como lo vi hace poco en un hotel renombrado.
Resulta deprimente que los mozos sostengan un plato de tal manera que uno o varios de sus dedos entren en contacto con el contenido, que se pongan cerca de una mesa para escuchar una conversación, hablen con sus compañeros en vez de atender a la clientela, peor que se hagan bromas entre ellos, se rían ruidosamente, desaparezcan cuando más se los necesita, se pongan un dedo en la oreja para extraer cerumen, como si se tratase de excavaciones arqueológicas.
La cualidad fundamental de un buen camarero es la discreción, la perfección en el trato lo que, de ninguna manera, significa servilismo o posible humillación. El mozo es un ser respetable. Cumple con la tarea noble de brindar amabilidad y efectividad en la atención. Debe poder describir cualquier plato que esté en la carta.
La propina es una gratificación extra que el cliente puede o no entregar al final de un almuerzo, de una cena. Las planillas suelen llevar el IVA, el servicio. Pero si la atención ha sido realmente personalizada, pueden ustedes añadir una retribución complementaria.
De ninguna manera es una obligación. Epicuro deja un 5% cuando nota que el personal realmente se esmera para alcanzar la excelencia, muestra amabilidad, cortesía, deseo de servir que merece consideración.
Al recibir una tarjeta de crédito, el camarero se enterará del nombre, del apellido de quien esté cancelando. Eso le permitirá agradecer de un modo personal: "Muchas gracias, señor López". La palabra más dulce en cualquier idioma es el nombre de uno. Por ello, la atención especial se aprecia en cualquier país del mundo. Es grato que en Italia, Francia o Estados Unidos uno reciba un agradecimiento oyendo su propio nombre "Molto grazie, signore López"; "Merci beaucoup, monsieur López"; "Thank you mister López". Tenemos todos una dosis de egocentrismo.
Pero lo más importante, en definitiva, es la pulcritud, la limpieza absoluta. No vuelvo a un restaurante donde me reciben con un golpe de ala capaz de mandarme al suelo con un gancho certero a la nariz.
Además he notado que el mal olor de las axilas se vuelve contagioso y uno se lo puede llevar a casa al salir del restaurante.