La variedad más cotizada, llamada Común, dejó de cultivarse en el país en los ochenta debido a las plagas.
La prioridad económica para el 90% de los agricultores de Napo, Morona Santiago, Pastaza, zonas del oriente ecuatoriano que abarcan unas 10 mil hectáreas de cultivo, es la naranjilla.
Y no es precisamente solo en estas partes húmedas y selváticas donde especialistas del Instituto Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (Iniap) y pequeños productores encuentran la contra a las nefastas enfermedades y plagas que aplacaron en corto tiempo la oferta de la naranjilla común, afamada por su sabor y olor desde los años cincuenta.
En el lindante montañoso entre la Costa y la Sierra de la parroquia Tandapi (Mejía,Pichincha), Rosario Rodríguez está convencida que en este intento sí le ganará al tizón, ojo de pollo, marchitamiento, la lancha y al gusano saltador del fruto, así como le gana a diario a las empinadas cuestas donde hace 25 años añora instalar un naranjerillero comercial.
“Tener reses por el abigeo da miedo, y la naranjilla por el precio es mejor que el tomatillo, el banano orito, todo lo que produzco para el consumo familiar y para montar un negocio de ecoturismo en este mirador”, indicó.
José Ochoa y Patricio Gallegos, investigadores del departamento de Protección Vegetal de la EEE Santa Catalina- Iniap, frente a la susceptibilidad de la planta descrita, el afán de búsqueda de nuevos sitios en áreas de bosque primario y al uso de un herbicida para engrosar el fruto, colectaron a partir del 2000 material genético que suma más de cien accesiones (variedades). Validan los escogidos en el campo para determinar los cruces y patrones (injertos) que le den a la naranjilla Común tolerancia o resistencia genética a las enfermedades cuyos daños superan el 50%.
Los resultados son muy prometedores y creen que con el paquete tecnológico recomendado y las nuevas variedades mejoradas serán la alternativa para los frágiles ecosistemas del Oriente y estribaciones de las cordilleras.
Notas genéticas
Susceptibilidad
La naranjilla existe en el país hace no más de 70 años, por ello su baja variabilidad genética para defenderse de enfermedades y plagas que aparecieron al intensificarse el monocultivo.
Iniap Palora
Este producto genético fue entregado por el Iniap y se logró al cruzarse materiales andinos, centroamericanos y los recolectados por la universidad de Indiana (EE.UU.).
No superan a la común
En el mercado interno se vende el híbrido Puyo y la variedad Mera, obtenidos por los agricultores de las localidades que les dan sus nombres.