Miércoles 15 de noviembre del 2006 La Caja

Errores técnicos

Apago la televisión matutina y comienzo a concentrarme en el artículo de esta mañana, pero me interrumpe un mensaje en mi celular: “Estimado César. El apellido de Hugo es Idrovo. Te escribo porque es la segunda vez que sale con H en tu columna. Saludos, D.R.”.

Confieso que mi memoria para los nombres no es tan buena, lo cual compenso con una retentiva casi fotográfica para episodios o escenas enteras. Pero el mensaje a mi celular me dejó con serias dudas. Todos estamos expuestos a  errores, pero, ¿cómo pude escribir mal un apellido que conozco bien?

Desde hace más de quince años, cuando dirigí una revista de música llamada Traffic, estoy familiarizado con la trayectoria de Idrovo. Tengo todos sus discos, desde los acetatos hasta las recopilaciones en compacto y en las decenas de artículos que he elaborado antes sobre él, nunca escribí mal su apellido. Algo debía estar pasando si cometía un error así.

Solo por probar abrí una página del Microsoft Word y escribí Hugo Idrovo. Me sentí golpeado: el sistema cambiaba automáticamente Idrovo por Hidrovo. Hice la prueba varias veces, siempre pasó lo mismo. Fui a otra computadora y repetí el ejercicio. Volvía a cambiar. Pero más sorprendente fue otra prueba: en el momento en que pegué el nombre en un mensaje de correo electrónico, el corrector ortográfico  lo reescribía como creía correcto. Fue abrumador sentir que la tecnología conspiraba de esa forma. Finalmente, he tenido que desactivar las funciones automáticas del corrector.

¿Por qué cuento todo esto? Porque unas herramientas que supuestamente debían facilitar la vida pueden convertirse en un arma en contra que incrementa las posibilidades de equivocarnos. En comunicación, la tecnología ha provocado una revolución, pero con la confianza de que las máquinas “no cometen  errores”, se nos olvida tomar las precauciones más básicas (hago un mea culpa). Muchas veces he escuchado que la programación de una emisora de radio comienza a lanzar las más disparatadas mezclas sencillamente porque el sistema de automatización se colgó...

El asunto es cómo ir depurando las posibilidades de error y no tener arranques de divismo, como se ve a cada rato en la TV. Ayer mismo, Rodolfo Baquerizo despotricaba contra los “genios” que según él eran sus compañeros de producción luego de una descoordinación con Jorge Aguirre en Quito. Y recordemos el “imbécil” que lanzó Jorge Ortiz  contra los técnicos de su canal o cuando Carlos Vera se arranca furioso los audífonos de retorno porque no funcionan.

Estamos en una era en que somos más proclives a los “errores técnicos”, precisamente porque hemos dejado en manos de la tecnología muchas de las tareas más básicas. El único antídoto es redoblar las precauciones.
La Caja

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