lunes 13 de noviembre del 2006 Columnistas

Multicolor


Una vez olvidadas las denuncias de fraude, superadas a duras penas las irregularidades de E-Vote y sin más reacciones que la alegría de unos y la tristeza de otros, ya se puede tratar de responder a la pregunta, planteada en esta misma columna una semana antes de las elecciones.
Esta apuntaba a las causas que inducen a la gente a votar por uno u otro candidato o a escoger un partido y dejar de lado a otros. Los expertos dicen que las respuestas hay que buscarlas en las motivaciones económicas, en las adscripciones ideológicas y en el mundo nebuloso de las reacciones emocionales, y parece que por lo menos para esta ocasión es válido ese consejo. En efecto, si se miran los resultados de las elecciones del domingo 15 de octubre se puede decir que de todo ello ha habido, aunque en diversas proporciones.

Parece claro que hubo un voto político, que fue el que se manifestó como rechazo a los partidos llamados tradicionales, pero que hizo una clara distinción con los otros partidos (que, como a las exportaciones, habría que llamarles no tradicionales aunque ya lleven varias décadas en el mercado).
También se expresó en el apoyo al candidato presidencial cuyas propuestas giraban básicamente en torno a temas políticos, como la asamblea, la redefinición de las relaciones internacionales y la reforma del sistema político. Pero algo de este voto originado en consideraciones políticas se encuentra también en el fuerte componente antisistema que presentan los resultados, así como en lo que se anticipa como una renovación de liderazgos.

El voto económico no se manifiesta con la misma claridad. Es difícil atribuírselo a uno de los dos finalistas o a los partidos que han logrado mayores votaciones para sus listas de diputados. Es probable que algo de esa motivación explique el segundo lugar de Sociedad Patriótica en las legislativas y –a pesar de las limitaciones de su candidato– el tercero en las presidenciales. Sin embargo, llama la atención en este nivel el bajo respaldo de las candidaturas que basaron su campaña en temas económicos y, sobre todo, el alto apoyo a los dos candidatos presidenciales que ofrecían menos certidumbres para el manejo económico.

Como siempre, el voto emocional ha predominado y sigue siendo el gran triunfador. La renovación de los populismos, donde también van siendo reemplazados los partidos y líderes tradicionales, es el elemento más destacado y sin duda el más novedoso en este aspecto. La transferencia de votos de unos partidos a otros es evidente, y asegura larga vida a esa huella de identidad nacional que es el populismo.

En fin, son muchas las razones que explican al voto, y cada una de ellas lleva en sí una demanda, una aspiración. Si a todo esto se suman las diferencias regionales, queda abierta la duda acerca de la posibilidad de sumar todas estas preferencias y darles respuesta bajo la forma de políticas. Difícil tarea para quien sea elegido presidente y para los novatos legisladores. Demasiados colores para un solo cuadro y para pintores sin experiencia.

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