- NOV. 09, 2006 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
A las 06h00, las cámaras del sistema Ojos de Águila registraron el apuñalamiento de un ciudadano que circulaba por la Plaza de Santo Domingo en Quito. Ecuavisa transmite en vivo el asalto y la posterior intervención de los servicios de emergencia.
La cámara del canal llega hasta el hospital Eugenio Espejo donde el herido fue atendido. Se hacen tomas de la abundante sangre que cubre el torso y la ropa del desafortunado emigrante latacungueño, el “individuo” –como lo llama despectivamente Lucía Pazmiño– que fue asaltado.
Los discursos cambian de hora en hora. Lo que en la madrugada de ayer fue un caso de crónica roja, al mediodía del martes bien pudo haber sido otra historia. En ‘Televistazo’ de las 13h00 se presentó un buen reportaje sobre los emigrantes internos, aquellos habitantes de las pequeñas y medianas ciudades de todo el país que llegan a la gran ciudad en busca de trabajo, horizontes más amplios y mejor fortuna.
Lo impresionante de la emigración es que tiene tantas aristas y tantas historias por contar como seres humanos se involucran en el viaje. Tratar de reducir todo a los factores económicos o tratar a los emigrantes como si fueran criminales a los que se debe perseguir son versiones sesgadas.
O sino hay que observar el cómo se trata a los últimos emigrantes “capturados” en alta mar por la Marina ecuatoriana y presentados como reos de algún crimen de lesa humanidad. En el lado opuesto se promociona la presencia de empresarios españoles buscando los mejores trabajadores ecuatorianos para llevárselos. Las escenas son tan sorprendentes que parecen extraídas de un concurso televisivo donde el premio es la visa para pisar la tierra prometida.
A los albañiles se les hace competir para ver quién levanta paredes más rápido y mejor, a los camareros se les somete a prueba de rapidez y equilibrio. Camioneros, choferes, cocineros, etc., todos compiten ante la mirada satisfecha de los empresarios españoles, los funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores (reciclada como agencia de empleos) y de los reporteros y sus cámaras.
A la emigración se la ha transformado en un reality show y todos parecen tan complacidos. Para rematar, las cámaras llegan hasta el aeropuerto para recoger las lágrimas de los doloridos padres que deben abandonar a sus hijos o de los sufrientes esposos que dejan a sus esposas. ¿Se quieren más parecidos a un reality?
Lo que nadie ha dicho aún es cuánto pierde el país dejando partir a sus mejores trabajadores. ¿Qué va a pasar cuándo se hayan marchado los mejores albañiles, carpinteros, cocineros, camareros, camioneros? ¿Quién paga por este verdadero subsidio que damos los ecuatorianos a los empresarios españoles?
Claro, esas preguntas están de más para este “reality show” colectivo que hemos montado.