Miércoles 08 de noviembre del 2006 Cartas al Director

¡Hasta siempre, Alberto! II

Cuán evidente resulta que los ecuatorianos somos tardos en reaccionar y ágiles para olvidar, este axioma se ve reflejado en todas las instancias de nuestra vida; es muy claro con las respectivas excepciones. En esta oportunidad me voy a referir al “homenaje” póstumo que todos quieren profesar en honor a un ecuatoriano excepcional como lo fue el Sr. Alberto Spencer, generacionalmente no fue sino hasta el día de hoy, una vez fallecido, que conozco de sus éxitos deportivos y más relevante aún el de su extraordinaria calidad moral y de bien; que lo han llevado a ganarse un sitial en el corazón de sus hermanos uruguayos.

Más allá que un nombre a un centro deportivo, una calle, una escuela, una cancha u otro, el verdadero homenaje post mórtem que podría recibir este héroe nacional, además de los ya superficialmente realizados, es el desarrollo, implementación y auspicio de un programa deportivo, a través del cual la niñez ecuatoriana –además de conocer este maravilloso deporte llamado fútbol– pueda cimentar valores vitales para el fortalecimiento de la sociedad, como honradez, lealtad, patriotismo, integridad, respeto, perseverancia, generosidad, servicio al prójimo, etcétera, valores ejemplarizados en héroes anónimos hasta el día de su muerte como lo fueron Alberto Spencer, Carlos Pérez, Ernesto Albán, Oswaldo Guayasamín y muchos más, ahora ya en peligro de extinción a causa del olvido.

Daniel Cáceres
Manta, Manabí

Por 1966, en un pueblito lejano y olvidado, cerca de la frontera con el Perú, de nombre parroquia rural Lauro Guerrero, de la provincia de Loja, un grupo de entusiastas deportistas, y gratos compatriotas, nos reunimos y fundamos el inolvidable Sporting Club Alberto Spencer. Era una forma de decirle gracias a ese legendario personaje, al que solo conocíamos por las fotos que nos brindaba EL UNIVERSO, así como por las noticias que escuchábamos en nuestros viejos radios, o por la revista Estadio que de repente caía en nuestras manos.

Esas eran todas las cosas que conocíamos del gran Alberto, no obstante, intuíamos que era toda una leyenda viviente de nuestro deporte, no nos equivocamos. Hoy que se nos ha ido, nos sentimos tristes. Pensar que hace más de 40 años, unos humildes provincianos le rendimos el homenaje que él nunca supo, y que  en nuestros corazones quedará grabado para siempre, junto con la satisfacción del deber cumplido.

Homenajeamos a nuestro ídolo “en vida”. Y así como él será inolvidable, nuestro viejo club será por siempre la más clara demostración de afecto para el señor Alberto Spencer Herrera.
Paz en su tumba.

Howard Lima
Quito

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