El otrora marcador derecho del glorioso equipo de Peñarol uruguayo de 1966 rememora anécdotas y los goles más importantes que Cabeza Mágica marcó defendiendo la camiseta aurinegra.
Pablo Forlán, ex marcador de punta derecho de Peñarol, compañero de Alberto Spencer durante varias temporadas en ese club, recibió ayer a este Diario en su casa del elegante barrio de Carrasco, al este de la capital uruguaya.
Padre de Diego Forlán (quien juega en el Villarreal español y fue goleador del equipo en el 2005) e integrante del Peñarol que ganó las Copas Libertadores e Intercontinental en 1966, el zaguero, quien es dueño de un centro de entrenamiento, resalta la categoría futbolística del ecuatoriano con una anécdota en la que asegura que Pelé reconoció los méritos de Cabeza Mágica.
También compara la velocidad de Spencer con la de Robinho y recuerda la final de la Copa Libertadores contra River Plate argentino en 1966.
Pregunta: ¿Cómo califica al ex futbolista Spencer?
Respuesta: Era extraordinario. Por su velocidad era un peligro para los rivales. Saltando, para hacer goles de cabeza, fue espectacular. Fue muy querido en Uruguay. Incluso vistió la camiseta celeste en partidos amistosos. El mundo de fútbol de acá lo va a recordar como uno de los mayores ídolos que tuvo.
P: ¿Entre los mejores de Peñarol en qué puesto lo ubicaría?
R: Yo pienso que Spencer estaría entre los diez mejores. Junto a Fernando Morena, Óscar Omar Miguez, Roque Gastón Máspoli, entre otros ídolos.
P: ¿Cómo era en lo personal?
R: A mí me dio muchos consejos porque yo llegué a Peñarol cuando él ya tenía unos cuatro años allí. Era de perfil bajo, de mucha humildad. Una persona muy cariñosa que dentro de sus posibilidades siempre ayudaba a todo el mundo.
P: ¿Y en la cancha, cómo era?
R: Gritaba. Pedía la pelota, a veces se calentaba, puteaba si no le pasábamos la bola a él. Bueno, esas cosas que quedan en los 90 minutos. Si no marcaba un gol se iba con calentura. Vibraba mucho cuando hacía un gol. Alberto era muy emotivo.
P: ¿Qué gol recuerda más?
R: Fue en la final de la Copa Libertadores, ante el River Plate, en uno de los partidos más memorables de la década del sesenta. Habíamos ganado 2-0 en Montevideo y perdimos 3-2 en Buenos Aires. A las 48 horas se jugó la tercera y definitiva final en Santiago. Fue un sábado. Perdíamos 2-0 en el primer tiempo y en el segundo pudimos revertir. Alberto hizo el primero. El segundo fue en contra (de Roberto Matosas). En el alargue marcaron Pedro Virgilio Rocha y Spencer.
P: ¿Cómo se produjo ese primer gol de Spencer?
R: Yo corrí con la pelota por la derecha, tiré un centro hacia el área. Alberto vino por atrás de los contrarios, cabeceó y concretó. Fue un golazo, me acuerdo que pegó en la parte de atrás de la red; la pelota casi sale del arco. Ese fue uno de los tantos centros que le tiré a Alberto para que hiciera gol y para mi fue uno de los más emotivos. Además, fue contra River y nosotros consideramos un clásico todos los partidos contra clubes de Argentina. Cuando nos reunimos recordamos ese compromiso.
P: ¿Se reunían muy a menudo con Spencer?
R: Sí, a veces organizábamos reuniones. La última vez fue hace un mes y medio y comimos con los muchachos, de todas las épocas. Primero se nos fue Miguez (campeón del mundo con Uruguay en 1950) y creo que eso le afectó a Alberto porque eran muy amigos. Se querían mucho.
P: ¿Qué anécdota recuerda de Alberto Spencer?
R: Una que ocurrió después que salí de Peñarol y fui a jugar a Brasil (en el Sao Paulo primero, luego en el Cruzeiro). Por esa época me encontraba mucho con Pelé. Un día, en un hotel hablábamos de fútbol, y le dije a Pelé que él hizo goles de todo tipo. De cabeza, de chilena, de pecho. En ese momento él me respondió: “Te voy a decir algo, Pablo, alguien que cabeceaba mejor que yo era Alberto Spencer. Yo cabeceaba bien, pero Spencer fue espectacular cabeceando. Por lo general lo hacía tomando carrera como sin tomarla”.
P: De los jugadores actuales, ¿con quien lo compararía?
R: Es muy difícil compararlo. Por velocidad pienso que se parece a Robinho, del Real Madrid. Aunque Alberto era un poco más alto que él. Robinho tiene más enganche, dribla, pero Alberto era más letal, explosivo. Se podía llevar al contrario pero con una finta simple. Sin duda, Spencer era un goleador empedernido, Robinho no lo es.