Domingo 05 de noviembre del 2006 La Caja

Una realidad rasguñada por el drama

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Tres imágenes del especial de Teleamazonas  ‘Fraude en Machala’. En la primera se ve la posesión de José Cabrera hijo como nuevo notario público en sucesión de su padre. En esta secuencia se intercalaron con acierto las imágenes del descubrimiento que hacen Carolina y José de las cajas y fundas llenas de dinero al interior de un baño clausurado. Los reclamos ante la Notaría captados desde ángulos inéditos. Finalmente, la imagen del actor que interpreta al radiodifusor que ayudó a desatar la furia popular.

Hace exactamente un año, los reportes desde Machala eran desoladores: “La ciudad ha vivido cuatro días de caos, luego de la muerte del notario Cabrera y la fuga de sus dos hijos al exterior. El tipo pagaba el 8% mensual. Era notario y a la vez realizaba esta labor clandestina. Fue un secreto a voces. Políticos, empresarios, altos oficiales de las FF.AA. y de la Policía también tuvieron sus dineros allí. La gente indignada saqueó los comercios y se fue contra la fuerza pública”.
 
Esto era lo que decía la carta que me dirigió un periodista de Machala en los días en que estalló el escándalo del notario Cabrera. Los sucesos provocaron una conmoción nacional que aumentaba a medida que día tras día se iba descubriendo la descomunal dimensión del ilegal negocio. Se habla de que hasta 800 millones de dólares pudieron haber pasado por la notaría.
 
¿Cómo pudo haber sucedido que un negocio ilegal de tal volumen se haya desarrollado sin ningún control? ¿Qué personajes de la política, las fuerzas de seguridad, la economía estaban implicados? Reconstruir tal historia es un reto muy serio. Sorprende que un canal de televisión, en este caso Teleamazonas, lo hiciera y que saliera bien librado del intento.
 
‘Fraude en Machala’ fue un dramatizado impuro. En otras palabras, se trató de una producción donde actores  interpretaron los sucesos de hace un año, pero estuvieron acompañados de testimonios e imágenes reales. Tampoco fue una mezcla de formatos, ya que el 90% de la serie de cinco capítulos se desarrolló con actores y reconstrucciones dramáticas.
 
En un formato así, el peso recae sobre los escritores. ¿Cómo narrar la historia con la suficiente dosis de verdad y mantener el interés narrativo? Afortunadamente, el mismo caso Cabrera ayuda pues tiene todos los ingredientes que ya quisieran para sus novelas Corín Tellado o Agatha Christie: intriga, poder, sexo, personajes sin escrúpulos y otros ingenuos, y mucho, muchísimo dinero en juego.
 
El esquema escogido para la serie de Teleamazonas permitió más libertad y al mismo tiempo fue su mayor limitante: al ser un dramatizado con pretensiones de investigación periodística, perdió vuelo ficcional y no ganó en profundidad.
 
Se trató de una correcta reconstrucción de los sucesos de Machala, con pocas revelaciones. Tampoco llegó a ser una especie de fábula por medio de la cual se reflexionara sobre la codicia, el poder del dinero, la corrupción social u otros temas que dieran peso al dramatizado.
 
Para su descargo, es válido afirmar que aún es muy pronto como para pretender elaborar una fábula más libre. En lo periodístico, el aporte de ‘Fraude en Machala’ fue construir un relato ordenado y en perspectiva de los sucesos.
 
Si pasamos a la pura formalidad, ‘Fraude en Machala’ fue una de las mejores producciones que se ha podido observar en la televisión ecuatoriana más reciente.
 
Ingenio y detallismo se observó en la planificación de las escenas, la decisión sobre las tomas, en la edición, la iluminación, las locaciones y la escenografía. Las actuaciones fueron desiguales, pero se cumplió sin demasiadas disonancias. Eso sí, sigue siendo palpable que los actores ecuatorianos no están preparados para la pantalla y aún no se logra una dirección de actores que extraiga de ellos el tono justo.
 
La responsabilidad es compartida: en los guiones es notorio que los personajes no alcanzan nunca una tercera dimensión psicológica. Y se trata de caracteres fuertes que podían tomar dimensiones enormes. Aparte, muchos papeles secundarios, que eventualmente podían contarnos historias secundarias y alivianar la tensión principal, quedan sueltos, sin encajar en la narrativa.
 
Si hacemos evaluaciones individuales, tenemos que Penélope Lauret (Carolina Cabrera) sorprende con una actuación sólida después de tantos años fuera de la TV. Luis Castellanos (notario Cabrera) hace una labor correcta. Héctor Garzón (Gustavo Calvopiña) como el dueño de Radio Fiesta, quien ayudó a encender la mecha, cumple. En cambio, Pepe Sánchez (José Cabrera, hijo) tiende a sobreactuar cuando pudo haber sellado una interpretación memorable. Omar Naranjo (Óscar Granja) oscila entre una buena actuación y el exceso.
 
Aún con todos esos factores por mejorar, ‘Fraude en Machala’ es un salto adelante en la producción dramática de la televisión ecuatoriana. Luego de los sucesivos retrocesos que han significado los intentos de telenovelas en los últimos años, el acoger la realidad como un puente a la ficción es un horizonte que se revela prometedor en la búsqueda de una televisión de calidad.

 

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