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El país afronta múltiples y variados problemas. Los dos candidatos a la presidencia de la república se han referido a varios de ellos. Pero poco o nada han dicho sobre dos de los más graves y trascendentales: saneamiento básico y agua segura, cuyas coberturas nacionales son tan bajas que nos ubicamos entre los más retrasados de América Latina, y el otro, aún más preocupante, el de la desnutrición infantil. La desnutrición crónica, caracterizada por el déficit del crecimiento de la talla, en relación a la edad, en los últimos 10 años ha disminuido en menos del 2%. Actualmente afecta al 22% de los niños menores. Es mayor en la Sierra (32%) que en la Costa (20%) y más todavía entre los niños indígenas (4%). A estas cifras se agrega cerca del 9% de niños que sufre desnutrición global. El 17% de niños menores de 5 años adolece de déficit de estatura y por consiguiente, están condenados al retardo mental irreversible.
Las investigaciones de los últimos años revelan que el crecimiento en la talla constituye un indicador también del crecimiento y desarrollo del cerebro y por consiguiente, del desarrollo de la capacidad intelectual, crítica hasta los 4 años de edad susceptible de mejorar y que con posterioridad a esta edad el retardo es irreversible.
Entre el 30% y 40% de madres que dan a luz en las maternidades u hospitales del Estado, aun antes de la concepción se encuentran desnutridas y anémicas. Se desnutren más durante el embarazo y por consiguiente, los niños también nacen con desnutrición crónica. Entre el 11 al 15% de niños, en cuanto al peso, nace con menos de 2.500 gramos. La madre desnutrida se desnutre más durante la lactancia, el niño crece aunque con pequeño déficit hasta el quinto o sexto mes, cuando comienza la alimentación complementaria y de allí en adelante sigue el trágico camino de desnutrición y retardo en el crecimiento y desarrollo. Si a esto se agrega la falta o ausencia de lo que se llamó “estimulación temprana” y otros factores, se comprenderá por qué miles de niños presentan escasa capacidad intelectual. A los 5 o 6 años van a la escuela pero no logran entender ni desarrollar su mente. Después de dos a tres años abandonan definitivamente la escuela y de adultos ingresan en la penosa masa de los analfabetos.
No importaría tanto si por razones genéticas y de otra naturaleza nuestros niños y adultos fueran de baja estatura, lo grave es que lo sean por una circunstancia solucionable como es la desnutrición. Lo realmente importante es que todos los ecuatorianos tuvieran la oportunidad de desarrollar bien su inteligencia, su capacidad de aprender y ser parte activa del desarrollo del país.
Los gobiernos han hecho poco para afrontar seria y definitivamente el problema de la desnutrición.
Todavía sigue imperando la política de atender en especial la enfermedad, no obstante, la mortalidad infantil sigue tan alta como en muchos países africanos. La política paternalista, pero indispensable en las condiciones actuales del país, de contribuir con una ración alimenticia a parte de la población infantil, se ha diversificado entre varias instituciones y con insuficientes recursos económicos.
Aunque lo fundamental es la erradicación de la pobreza, en una reciente reunión auspiciada por la FAO se ha planteado como tareas inmediatas: exigir se expida el reglamento de la reciente Ley de Seguridad Alimentaria y Nutricional; formular un Plan Nacional, como política a mediano y largo plazo; financiamiento compartido entre el presupuesto nacional y la cooperación externa; aumento de la inversión nacional en el 10%; ampliación de la cobertura y focalización de los programas de asistencia alimentaria y creación de un Observatorio Nacional sobre pobreza y desnutrición. |