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Se pedirá a los californianos que voten sí o no por una iniciativa que impondría una tarifa más alta a la extracción de petróleo. Hasta ahora, las compañías petroleras han pagado una tarifa más baja que la de otros estados, un robo que quieren conservar.
No es frecuente que los gobernadores tengan la oportunidad de hacer historia en grande, pero el gobernador Arnold Schwarzenegger de California la tiene ahora, si está listo para bajarse de la barda. Con una acción, Schwarzenegger podría hacer que California sea el centro de Estados Unidos para el desarrollo de tecnologías “verdes” que permitan obtener energía limpia –y destinadas a convertirse en la industria del crecimiento del siglo XXI–; además de hacer algo en un tema que el presidente Bush solo ha atendido superficialmente: ayudar realmente a terminar con la adicción de Estados Unidos al petróleo. Hazlo, Arnold. Ándale, solo hazlo.
Aquí están los hechos fundamentales: el 7 de noviembre se pedirá a los californianos que voten sí o no por la Propuesta 87, una iniciativa que impondría una tarifa más alta a la extracción del petróleo en California. (Hasta ahora, las compañías petroleras del Estado han pagado una tarifa más baja que la de otros estados, un robo que quieren conservar).
Los fondos adicionales que se recauden con la Propuesta 87, informó The San Francisco Chronicle, “se usarían para financiar programas de investigación y desarrollo de combustibles alternos en las universidades, campañas educativas y subsidios a los consumidores que compren vehículos que usen combustibles alternativos, así como a las empresas que los produzcan y distribuyan. Se gravaría a las compañías petroleras con una tasa de entre el 1,5% y el 6% del valor del crudo, dependiendo del precio del barril de petróleo. El impuesto estaría en vigencia hasta el 2017 o hasta que se produzcan cuatro mil millones de dólares en petróleo, lo que ocurra primero”.
La aprobación de la Propuesta 87 sería un logro enorme. Para empezar, será el complemento perfecto a la Ley de Reducción del Carbón que acaba de firmar Arnold. Esa ley requiere que para el 2020, California reduzca sus emisiones de bióxido de carbono a los niveles de 1990. La Propuesta 87, por su parte, establece el objetivo de una reducción del 25% en el consumo de petróleo en California en diez años. En la actualidad, California consume alrededor de 16 mil millones de galones de gasolina al año, así que una reducción del 25%, de llevarse a cabo, colocaría al estado en una posición muy avanzada para lograr sus nuevos objetivos de emisiones de carbono.
Sin embargo, la Propuesta 87 también aumenta el fondo energético a cuatro mil millones de dólares, destinados mayoritariamente a promover nuevos combustibles y vehículos y edificios de mayor rendimiento de combustible; eso permitiría a California mejorar sistemáticamente las empresas, comunidades y escuelas pioneras en energías alternativas. Como lo sabe cualquiera que haya seguido el desarrollo del movimiento de energía alternativa, una de sus mayores debilidades ha sido que Washington primero aprobó y luego derogó subsidios para la energía solar y la eólica, de tal forma que las empresas desarrollaron esa tecnología, pero solo les sirve para exportar al extranjero.
Al combinar objetivos de energía renovable y un fondo de apoyo de cuatro mil millones de dólares que promueva el libre mercado de estas tecnologías, California establecería un ejemplo convincente para otros estados, e incluso quizá para Washington.
La razón por la cual el llamado que hizo Bush hace un año a terminar nuestra adicción por el petróleo fue un fracaso total, tiene que ver con una lucha interna en el gobierno entre los tontos que rinden culto al mercado liderados por Dick Cheney –que insiste en que los mercados se harán cargo de todo– y quienes comprenden que el trabajo del gobierno es establecer objetivos y estándares amplios, y después dejar que el mercado los satisfaga.
El mejor ejemplo de eso es el Texas Renewable Portfolio Standard de 1999, una ley estatal ¿qué firmó quién?: ¡el gobernador George W. Bush! Dicha ley requiere que las compañías texanas de electricidad compren una cantidad fija de energía renovable para el 2009. Eso estimuló el mercado de servicios públicos para enormes granjas de viento. Hoy en día Texas es un líder en energía eólica, cuyo precio ha bajado drásticamente gracias a innovaciones tecnológicas. Presidente Bush, le presento al gobernador Bush.
Naturalmente, las compañías petroleras como Exxon Mobil –que acaba de pagarle a su presidente saliente, Lee Raymond, 400 millones de dólares el último año– han comenzado a financiar anuncios desorientadores para tratar de engañar a los californianos a fin de que rechacen la Propuesta 87. Las encuestas de opinión muestran que el resultado será muy cerrado como para apostar. Y eso nos retorna a Arnold, que se mantiene en el medio. Aun cuando conseguirá la reelección con una victoria arrolladora, no ha salido en defensa de la Proposición 87 porque es enemigo por principio de elevar los impuestos. Pero tampoco ha salido a atacarla. Si él y su esposa María la apoyasen abiertamente, se aprobaría la Propuesta 87. Es así de simple.
Bill Clinton lo expresó mejor: “A California se le está dando la oportunidad de hacer algo extraordinario para salvar el planeta, mejorar nuestra seguridad nacional y crear la próxima oleada de empleos para el pueblo estadounidense. Eso es lo que representa la Propuesta 87”.
La postura de Schwarzenegger podría decidir si se aprovecha o no esa oportunidad. Vamos, Arnold, solo hazlo. Nadie te recordará por ahorrarle más impuestos a Exxon; pero en cambio nadie te olvidará por incitar a Estados Unidos a hacer realidad el sueño de una economía energética limpia e independiente.
The New York Times News Service |