Sobre la mesa del comedor los peninsulares dejan comidas que le gustaban en vida a su ser querido.
Son las 11h00 del 2 de noviembre y en el hogar de la familia Panchana Yagual la actividad en la cocina es intensa. El olor del marisco se percibe a lo lejos mientras un grupo de mujeres prueba a cada rato, los alimentos que se cuecen en tres ollas.
En el fondo de la sala y sobre una mesa con mantel blanco han colocado una serie de alimentos: tallarín, cebiche, pescado salado, frutas, pan, una botella de cola y otros manjares cubiertos con una sábana blanca, a manera de toldo y en el centro, una vela encendida.
Es la tradicional 'Mesa del Difunto', una costumbre que nadie sabe cómo empezó pero admiten que con el paso del tiempo está desapareciendo en esta parroquia de Salinas.
"Los alimentos cada vez están más caros y ahora los jóvenes ya no quieren seguir la tradición", comenta Lucilda Panchana, quien hace un alto a las labores de la cocina para explicar en detalle esta costumbre.
Su hermana, Narcisa Panchana, recalca que la 'Mesa del Difunto' es un homenaje a los familiares y amigos que partieron. "La tradición dice que el alma de los finaditos viene y come con la familia", asegura.
Pero ella lo hace más por una costumbre familiar que por creencia. "Dicen que si uno no pone la mesa, el familiar fallecido se va enojado y llorando, pero eso es lo que dicen", recalca con un gesto de escepticismo.
Por ello, no está aún convencida si en un futuro continúe esta tradición.
Esta costumbre es común en muchos hogares de Anconcito. Verónica Piguave, de 31 años, miembro de la familia Piguave Alfonso, junto con sus hermanos sobrinos e hijos, se reunieron en casa de su padre Teófilo para conmemorar el Día de los Difuntos.
Allí prepararon langostas, pescado salado, churos (caracoles), sopa de mariscos, pan y otras delicias.
Piguave destaca como aspecto positivo de la tradición el momento que se comparte en familia y con las personas que ya no están presentes.
Es que la costumbre también es motivo para recibir visitas de familiares, amigos, vecinos y hasta desconocidos. Las personas vienen a la casa y aquí se le brinda lo que la familia ha preparado. Por eso la tradición está acompañada con las visitas a los hogares donde se ha puesto la mesa.
Hace algunos años los visitantes llegaban a la casa y con la frase: "ángeles somos, del cielo venimos, pan pedimos" eran recibidos por los anfitriones con comida.
En otras comunidades y parroquias el día se limita a la visita a las tumbas de sus seres queridos, como es la costumbre en las ciudades.