Viernes 03 de noviembre del 2006 La Caja

La seducción a Febres-Cordero

Cuando veo entrevistas como la de Bernard a León Febres-Cordero me pregunto sobre la validez y la naturaleza de la entrevista como género periodístico.

“Es un mano a mano entre el periodista y su fuente”, me decía un editor al que debo muchas enseñanzas. O como poéticamente se definió en ese maravilloso especial sobre la entrevista que se editó en el suplemento cultural del diario español La  Vanguardia a principios de este año: “El arte de la entrevista es un dispositivo simple y singular, porque confronta la palabra y el cuerpo con la de otro, en un tiempo y en un espacio concretos. Analizar este dispositivo nos lleva por la literatura, la prensa, el cine, la televisión o la radio. La entrevista pervive porque transmite un fragmento de vida, pero anuncia también la muerte y su fantasma”.

En la entrevista el papel mediador del periodista se vuelve visible y adquiere la dimensión de un verdadero narrador, aunque parezca lo contrario. “A mí no me corresponde opinar, solo plantear las preguntas”, dice Bernard a Febres-Cordero. La advertencia solo tiene validez en la estrategia de alcanzar una conexión con el entrevistado que sirva para extraer la verdad. Aunque esto es aún más relativo: “Siempre digo la verdad. No toda. No se puede decir toda la verdad”, sostuvo Jacques Lacan frente a una cámara de televisión.

En realidad, el cuerpo a cuerpo es un mente a mente. Por eso el tener una estrategia se vuelve fundamental. Bernard planteó preguntas difíciles en un contexto de relajamiento e incluso con un vaso de whisky entre las manos. Se propiciaba así la empatía con un personaje difícil.  Jordí Ballo en el especial de La Vanguardia propuso: “La entrevista filmada, o televisada, tiene la particularidad de poner en tensión lo que se dice con el propio cuerpo del que habla, del que escucha, del espacio que los acoge. Es en la resolución de estas combinatorias de donde surge lo irrepetible, el archivo esencial, la posible verdad”.

Un cuerpo tenso es producto de una mente a la defensiva. Con las fotos de familia, el vaso y las figuras de caballos, el entrevistador penetró en las defensas de Febres-Cordero. También con una primera pregunta –Usted tiene fama de ser un hombre de un carácter duro– que no dejaba espacio para algún exabrupto. El cuerpo a cuerpo puede ser lucha libre. La mente a mente es seducción.

La clave de toda entrevista es el tipo de conexión psicológica que se establece entre las partes ya que en palabras de Salvador Pániker, “todo entrevistado queda reducido a los límites mentales de su entrevistador”. Por eso se debe desconfiar de entrevistas aparentemente tan buenas, en último término son espectáculos, bien  de “lucha libre” o bien de seducción. Entonces, Bernard podrá pregonar: “Yo le pregunté a Febres-Cordero sobre la muerte de Nahim Isaías y de los Restrepo”.
La Caja

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.