La humanidad consumirá en el año 2050 el equivalente a dos planetas como la Tierra.
El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) ha formulado una advertencia que produce malestar profundo a los habitantes del planeta: la destrucción del medio ambiente ha adoptado un ritmo no visto antes. La humanidad consumirá en el año 2050 el equivalente a dos planetas como la Tierra. Esto se basa en proyecciones estadísticas de producción y consumo y nada tiene que ver con los presagios de un profeta del Armagedón pues, con pequeñas variantes en las cifras, coincide la mayoría de las entidades ecologistas.
Como punto de referencia, el Fondo Mundial para la Naturaleza recuerda que en el año 2003 el exceso de consumo en relación con la producción de recursos llegó al 25% contra el 21% registrado en el 2001. Este impacto empezó a incidir a partir de la década del ochenta y se multiplicó por tres entre 1961 y 2003. “Estamos gravemente al descubierto sobre el plan ecológico: consumimos los recursos más rápido que lo que regenera la Tierra”, dijo el director general del WWF, James Lespe, incitando a adoptar “decisiones vitales” para el futuro.
Cabe en este instante una reflexión: ¿quién tiene la culpa mayor en esta especie de genocidio? ¿Una raza, un sistema, un país determinado? Pienso que bien pudiéramos utilizar, para responder, el título de una vieja película: “Todos somos asesinos”. Obviamente, pudiéramos atribuir más responsabilidad a los gobernantes de los países más instruidos y ricos. Pero, ¿qué sacaríamos con atribuir eso que no pasaría de ser una estadística?
Una llamada de atención de los hombres de buena voluntad que hacen a los habitantes del llamado planeta azul. ¿Responderán favorablemente los gobernantes de la Tierra o continuarán combatiendo por el dominio del propio sistema político y económico? Sin pecar de pesimistas, pensamos que si prosigue la cruel depredación de nuestro planeta, llegará el momento en que lo producido sea tan solo una mínima parte de lo consumido, desembocando esta trágica experiencia en una guerra de pueblos hambrientos.
En su informe, WWF deja constancia del crecimiento del consumo de combustible contaminante (petróleo, gas y carbón) multiplicado nueve veces entre los años 1961 y 2003.
El impacto mayor producido por este desfase entre consumo y producción se ha reflejado con mayor fuerza por los siguientes países: Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, Finlandia, Canadá, Kuwait, Australia, Estonia, Suecia, Nueva Zelanda, Noruega, Dinamarca y Francia.