Dicen que vivimos en la era de la información. La era en la que todo se sabe, en la que diarios sensacionalistas desnudan a vedettes y a políticos por igual, en la que ya no es secreto que las religiones organizadas y los gobiernos son capaces de mentir y a veces lo hacen. En una era como esta, en la que nadie cree en nadie, la ciencia se presenta como un oasis de veracidad y seriedad. En un mundo moderno donde todo se prostituye y todo tiene un precio, la comunidad científica se presenta, en contraste con los políticos, los medios, las religiones y las corporaciones desalmadas, como la única institución que da más importancia a la verdad que a cualquier otra cosa.
En su compromiso con la verdad, la comunidad científica se negó a aceptar cualquier teoría considerada dudosa, y por eso tuvo que rechazar aquellas que no se podían probar sin margen de error. Ser estricta al momento de mantener ese margen de error al mínimo ha sido, desde su fundación como ente colegiado, la clave del éxito de la comunidad científica para mantener su confiabilidad.
El problema es que, como consecuencia inevitable de su extremo rigor, los científicos rechazaron teorías, conceptos y prácticas que sin ser necesariamente inválidos, simplemente no lograron pasar sus estrictos filtros de lo aceptable.
Sin embargo, hay una nueva generación de científicos que piensa que los estándares de la ciencia han sido estrictos suficiente tiempo y que ya es hora de abrir la puerta a un mayor espectro de evidencias para considerar que un hecho ha sido demostrado. Hay un número creciente de astrónomos, físicos, biólogos y médicos que sin dejar de lado su amor por la verdad se involucran con áreas del conocimiento que a menudo la ortodoxia científica considera charlatanería.
Posiblemente el área que más nos toca es la medicina, pues somos testigos cada día de sanadores que practican sin tener un entrenamiento médico ortodoxo. Desde curanderas de pueblo hasta reputados acupunturistas, el hecho es que hay muchos practicantes que son charlatanes. Pero también los hay milagrosos. Podríamos decir que hay toda una gama que va desde los más materialistas y mentirosos hasta los más altruistas y realmente sanadores. El caso es que ahora hay médicos que están interesándose en comprender qué es lo que hace efectivos a algunos sanadores y fraudulentos a otros. Según Amit Goswami, el físico hindú de la universidad de Oregon y autor de El universo consciente, "muchos científicos se están adhiriendo al nuevo paradigma de una consciencia unificada. La buena noticia es que este nuevo paradigma no excluye a la ciencia clásica (...) y promete una integración entre ciencia y espiritualidad".
Algunos escritores coinciden en hablar de un nuevo paradigma, un nuevo modelo de ciencia que tolere bajo su ala la existencia de teorías más "atrevidas" que hagan sentido desde varias ópticas de estudio; que diseccionen el conocimiento de una nueva manera y que por primera vez puedan explicar gran parte de los misterios que hoy la ciencia no puede resolver. Según el filósofo Erwin Lazlo, editor del periódico Futuros del mundo: el diario de la evolución, "hasta hace poco los científicos encontraban difícil explicarnos lo que conectaba el universo físico con la realidad del mundo viviente, el mundo viviente con el mundo de la sociedad, y el mundo de la sociedad con los dominios de la mente y la cultura, pero eso está cambiando".
Mientras más rápido se dé ese cambio, más pronto nos beneficiaremos de gran cantidad de conocimiento que hoy está marginado de la rica vida académica de nuestra civilización. ¿Qué tan grande será ese "beneficio"? Ese es el motivo de debate, pero hoy ya es raro encontrar a alguien que siga dando la espalda al hecho de que existan realidades que la ciencia no puede explicar. La transformación en el pensamiento consiste en que dejemos de descartar sistemáticamente esas realidades como charlatanerías y empecemos a observarlas, investigarlas e intentar incorporarlas al conocimiento, sin prejuicios y con auténtica curiosidad. Después de todo, ese es el sentido original de la ciencia.