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Aumentan críticas a inmigrantes en Rusia

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Aleksandr A. Belov encabeza un creciente grupo anti inmigración.
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Octubre 29, 2006

Por STEVEN LEE MYERS | MOSCÚ

Aleksandr A. Belov recibió mucha publicidad el año pasado cuando la organización que creó entregó un premio en dinero a una mujer rusa acusada de matar a puñaladas a un taxista armenio. Durante el juicio, cubierto con macabro entusiasmo por los medios noticiosos, ella declaró que el taxista había intentado violarla.

“Libró a Moscú de un violador”, afirmó Belov en una estación de radio, en ese entonces. Y no sólo un violador: era un violador extranjero. Entonces afirmó que la mitad de los crímenes serios eran cometidos por inmigrantes, la problemática que está al centro de su misión personal y su creciente prominencia pública.

Un tribunal encontró culpable a la mujer, Aleksandra Ivannikova. Sin embargo, el veredicto fue revocado más tarde después de una protesta pública amplificada con ayuda de Belov y el grupo que inició hace cuatro años, el Movimiento Contra la Inmigración Ilegal.

Ahora, después de años de estar al margen de las conversaciones respetuosas, las opiniones de Belov —abiertamente hostil hacia los extranjeros, en ocasiones de un carácter claramente racial— han entrado al debate político general.

“El Presidente ha hecho declaraciones en el último par de semanas que son prácticamente idénticas a lo que pedíamos hace un año”, afirmó Belov, acerca del Presidente Vladimir V. Putin. “No puedo decir que nuestro grupo influyó directamente al Presidente, pero nosotros identificamos este problema antes”.

El problema, en su opinión, son los inmigrantes, casi todos ex camaradas de la Unión Soviética, divididos no sólo por nuevas fronteras, sino por su religión y su origen étnico.

Igual que los inmigrantes en otros lugares, llegan en busca de trabajo. E igual que en otros lugares, su presencia ha provocado resentimientos, choques culturales y, especialmente en Rusia, una ola de violencia racial que ha incluido este año por lo menos 39 asesinatos motivados por el racismo, de acuerdo con Sova, organización que monitorea los crímenes de odio.

El 5 de octubre, Putin mostró apoyo público a este tipo de sentimientos, al denunciar a las “semi pandillas, algunas de ellas étnicas” que controlan los mercados mayoristas y minoristas, donde trabajan muchos migrantes.

Belov, de 30 años, es parte de la primera generación post soviética de Rusia, país que aún lucha, a su manera, por definirse a sí mismo y a su ideología. El colapso de la Unión Soviética generó un nuevo nacionalismo ruso, basado en el idioma, la cultura y la historia del imperio ruso.

“Los rusos son un pueblo bastante tolerante”, dijo Belov. “Hemos vivido mucho tiempo con una enorme cantidad de gente. Somos como una familia.Y un día llega a visitar la suegra y todo está bien. Pero luego la suegra trae a su hermano, su madre, tíos, tías”.

Belov sostiene que su causa no está basada en la raza, sino únicamente en el tema de la inmigración y sobre todo la ilegal.

En 2002 creó el Movimiento Contra la Inmigración Ilegal en respuesta a incidentes relacionados con racismo ocurridos en ciudades pequeñas cercanas a Moscú: una violación colectiva, en Khimki, de la que se culpó a inmigrantes; y una pelea entre inmigrantes y residentes locales, en Krasnoarmeisk.

El grupo ahora cuenta con miles de miembros en toda Rusia. En noviembre del año pasado, en la época de la absolución de Ivannikova, el grupo de Belov se unió a otros en una manifestación en Moscú en un día festivo recién creado, conocido como el Día de la Unidad Nacional.

Las autoridades parecían impactadas ante la multitud y el mensaje, pese a haber otorgado un permiso para el mitin.

Un año después, por directiva de Putin, las autoridades han comenzado la campaña más agresiva hasta la fecha contra los inmigrantes.

Sin embargo, Belov y el movimiento no han sido completamente aceptados.

Docenas de los miembros del movimiento han sido arrestados por realizar protestas no autorizadas y el propio Belov fue detenido brevemente en julio.


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