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Coreanos con dinero logran huir del Norte

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Kim Myung-shim huyó de Corea del Norte en 2003 y luego ayudó a escapar a sus tres hijos. Quiere mandar a uno de ellos a EE.UU.
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Octubre 29, 2006

Por NORIMITSU ONISHI | BANGKOK

En marzo, Lee Chunhak, un norcoreano de 19 años, acudió a la frontera china para encontrarse con un traficante de dinero norcoreano.

Por medio del teléfono celular chino del traficante, Lee habló con su madre, quien había desertado a Corea del Sur, en 2003. Ella le dijo que arreglaría su salida.

Lee extrañaba a su madre, su hermana y su hermano, y tenía un deseo persistente, aunque no enteramente formulado. "Quería ir a un país más desarrollado", dijo, "incluso más desarrollado que Corea del Sur".

En junio, un joven norcoreano se presentó repentinamente en su casa con un mensaje: "Mamá te busca".

El hombre lo llevó entonces en bicicleta y a pie hasta la frontera y lo entregó a un soldado norcoreano. Éste ordenó a Lee que dejara su tarjeta de identificación y su escudo de Kim Ilsung, usado por todos los norcoreanos en honor al fundador de la nación.

El soldado entonces acompañó a Lee hasta el otro lado del río Tumen, donde dos hombres chinos vestidos de civiles le entregaron un soborno al soldado. Lee era libre.

La creciente facilidad con la que la gente puede comprar su salida de Corea del Norte sugiere que, detrás de las imágenes de los soldados que marchan a paso firme por Pyongyang, la capital, la aún considerable capacidad del gobierno para controlar a sus ciudadanos disminuye cada vez más, de acuerdo a desertores norcoreanos, intermediarios, misioneros cristianos sudcoreanos y otros expertos en el tema. Los desertores con familiares en el extranjero usan una red sofisticada y clandestina de traficantes de humanos que opera en el interior de Corea del Norte y Corea del Sur, China y el sureste asiático.

Es difícil enterarse de algo sobre un país tan hermético e impredecible como Corea del Norte, que se aisló aún más al llevar a cabo una prueba nuclear, el 9 de octubre. Sin embargo, imágenes de la vida dentro de Corea del Norte, y una idea de esta red de tráfico de humanos, surgieron de entrevistas con 20 norcoreanos en Bangkok, así como con intermediarios, misioneros cristianos, funcionarios del gobierno y gente que trabaja en organizaciones privadas, tanto en Tailandia como en Corea del Sur.

En conjunto, los relatos ofrecen un vistazo de un gobierno que, aunque sigue estableciendo un estado policial represivo, pierde progresivamente el papel supremo del que solía disfrutar entre la sociedad, antes de volverse incapaz de alimentar a su propio pueblo en la hambruna de los años 90. El poder de la ideología parece disminuir en esta nación de aproximadamente 22,7 millones de habitantes, ya que las personas han tenido que arreglárselas por sí solas, y la información ha empezado a filtrarse desde el mundo exterior.

En un país cuyas fronteras estuvieron selladas hasta hace una década, los desertores alguna vez arriesgaban no sólo sus propias vidas, sino las de los miembros de sus familias que quedaban atrás, quienes como castigo frecuentemente eran enviados a brutales campos de prisioneros. Hoy, la seguridad del estado ya no es el obstáculo principal para huir, de acuerdo a desertores, intermediarios norcoreanos, misioneros cristianos sudcoreanos y otros expertos. Ahora, es el dinero.

"Para un creciente número de norcoreanos, el dinero supera a la ideología, y eso ha permitido que prospere este ferrocarril clandestino", dijo Peter M. Beck, director del proyecto del noreste asiático en Seúl, Corea del Sur, del International Crisis Group, que ha investigado extensamente el asunto en varios países asiáticos y está por publicar un reporte al respecto. "La barrera principal para salir de Corea del Norte simplemente es el dinero. Si tienes la cantidad suficiente, puedes salir muy fácilmente".

El caso de Lee Chun-hak, que huyó de Corea del Norte el 28 de junio, es típico. Durante los últimos dos meses ha estado en el Centro de Detención de Inmigración en Bangkok, donde Kim Myung-shim, su madre de 46 años, lo visitó el otro día desde Seúl.

Ella huyó a Corea del Sur en 2003, contrajo matrimonio de nuevo y empezó a hacer los arreglos para la deserción de Lee y sus otros dos hijos, quienes vivían con su ex esposo en una provincia en la frontera con China. Lee se abrió paso por China y Laos hasta Tailandia donde, con base en el consejo de los intermediarios, se entregó a las autoridades.

Tailandia no repatria a los refugiados norcoreanos, sino que los encarcela mientras sus casos son procesados en la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados, en Bangkok.

El proceso toma aproximadamente de tres a cuatro meses, y después los norcoreanos son enviados a Corea del Sur, aunque Estados Unidos aceptó recientemente a nueve refugiados norcoreanos.

Al enterarse de esa noticia en Bangkok, Lee Chun-hak dijo que ya no quería a ir a Corea del Sur. "Quiero ir a Estados Unidos a estudiar y convertirme en científico".

Muchos de los norcoreanos entrevistados en Tailandia dijeron querer ir a Estados Unidos, pese a que fueron criados en un país que durante décadas ha equiparado a Estados Unidos con el demonio.

Corea del Norte aún lanza ataques diarios contra Estados Unidos a través de su medio oficial, pero el deseo de ir a Estados Unidos de muchos de los desertores entrevistados sugiere que el poder de la ideología se debilita.

Lee Chan, de 36 años, quien huyó de Corea del Norte hace un año e ingresó a Tailandia en junio, estuvo de acuerdo en que la ideología anti- estadounidense no era tan férrea como en el pasado. "Las percepciones de la gente de Estados Unidos han cambiado dentro de Corea del Norte", dijo. "Le daré un ejemplo. Si te sorprenden viendo una película estadounidense, las autoridades sólo te insultarán, nada más".

En Bangkok, Kim, la madre de Lee Chun-hak, estaba preocupada de que su hijo se hubiera hecho demasiado amigo de Lee, un desertor. Estaba molesta de que su hijo hubiera empezado a fumar bajo la influencia de Lee. "Por favor, cuide a Chun-hak", le dijo la madre a Lee, al agregar que su hijo tenía un rostro que presagiaba un gran futuro. "Por eso lo envío a Estados Unidos".

 


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