Si hay alguien que vive de la música con intensidad e irreverencia ese es Luis Rueda, de 33 años, rockero guayaquileño, fundador del recordado grupo La Trifullka.
Porque solo a un músico con estas características se le ocurriría componer todo lo contrario de lo que pedía un concurso de música nacional organizado por la Municipalidad: exaltar la identidad nacional.
Rueda aprovechó la oportunidad para cantar con estilo de pasillo, la dura realidad que viven los ecuatorianos en el exterior y cómo el fenómeno de la migración 'boicotea' justamente la identidad nacional. ¿El resultado de su atrevida intervención en el Festival de Artes al Aire Libre llevado a cabo en la Plaza Colón hace unas semanas? Se metió el público al bolsillo y ganó el concurso.
Pero este es solo un episodio más de su irreverencia ante la vida. Esa que ha caminado un poco irresponsablemente, pero sin vacilaciones cuando se trataba de escalar un peldaño más en su carrera artística.
Sus inicios
De contextura "llenita", viste siempre con su típico bombín (sombrero hongo) que deja sus churritos sueltos, grandes gafas negras y saco. Así se presenta ante su público y se transforma cuando entra en contacto con sus fans. Transparente, Mi viuda feliz, Adentro, Aires nuevos, Profusa decepción forman algunas canciones de su repertorio que están recopiladas en sus discos YOLUCHO y lo demás Rueda, un evangelio, según Luis Rueda y El Retrovisor, un compilado de su etapa en 'banda'.
Durante un tiempo también formó la agrupación Sak, con quienes grabó cuatro canciones en un disco de vinilo.
Se dio a conocer en el grupo de rock La Trifullka, en el que fue vocalista y compositor. Previamente, egresó de Publicidad, "para complacer a la familia".
"Cuando en mi casa dije que quería ser músico, tenía 14 años. Mis padres al principio estaban contentos, pero cuando se dieron cuenta de que todo era en serio cambiaron de opinión. Ellos querían para mí la típica formación académica para luego dedicarme al negocio de la familia", afirma este acuariano que festejará su cumpleaños número 34 el próximo 28 de enero.
Utiliza la ironía como recurso de composición. Una prueba de ello es Musiquita de mierda, una canción que le grita a los músicos no conformarse con lo comercial, "cuando existe un universo extenso y profundo que puede ayudar a otros a pensar de una manera diferente".
Dos episodios que han marcado su vida son sus viajes a España y Argentina, a los que responsabiliza de su madurez musical y como ser humano.
Y del viaje hacia la madre patria surge Adentro, dedicada a su madre.
"Una noche, cuando vivía en Madrid a mis 27 años y arrendaba una habitación, empecé a llorar de frío. En ese momento sonó el celular. Era mi mamá que ni siquiera esperó a que la saludara, sino que de inmediato me preguntó: '¿Qué te pasa?'. En ese instante me di cuenta de que el momento en que más protección y amor tuve en mi vida fue justamente cuando estuve en su vientre". Ahora, Rueda dedica también esta canción a su esposa Karina Paludi y a su hija Lucía Renata, de 7 meses.
La música le ha traído muchas satisfacciones, pero también frustraciones que ha sabido sortearlas con inteligencia.
Parte de su carrera artística es su vinculación con el grupo español Elektra, quienes quedaron encantados con su audición, aunque para grabar el disco con ellos le pidieron como condición cantar con acento español. "Yo me negué rotundamente. Después me llamaron y a partir de ese momento siempre me presenté con poncho en cada concierto, lo hacía para 'rayarlos'...", dice sonriente.
Hace poco regresó de Argentina, invitado por Fernando Villarroel; pensaba quedarse solo tres semanas, pero terminó quedándose dos años... ¿El motivo? En Ecuador, un productor argentino le había propuesto grabar un disco. Cuando Rueda viaja a Argentina le propone hacer el disco desde allá. "Ya tenía todo listo para hacer el trabajo, pero de un momento a otro el tipo desapareció. Decidí no regresar a Ecuador hasta grabar el disco. Me dediqué a hacer postales, y empecé a tocar en bares hasta ferias".
En un momento dado, los productores argentinos recomendaron a Rueda no complicarse tanto para componer. "Me decían: 'armá un estribillo, un coro que se repita, algo más romántico', a lo que yo les dije: '¿Qué me están pidiendo? ¿musiquita de mierda?, 'Exactamente, che', me respondieron. 'Cuando tengas ese tipo de música, vení a buscarnos', Obviamente nunca volví, lo bueno es que de allí salió Musiquita de mierda.
Durante los diez años que estuvo en La Trifullka grabó tres discos: Mucha rabia, El efecto placebo, Calamidad doméstica.
Con respecto al pasillo...
Sobre aquel que relatamos al inicio de esta nota, Luis está consciente de que es "el pasillo más ácido del mundo (la letra acompaña esta nota)", pero es la realidad que viven muchos ecuatorianos que quieren salir al exterior.
Lo denominó De bajada embajada. "Me pongo a pensar en el tema de las raíces, en quiénes somos, y siento con mucha tristeza que los ecuatorianos estamos bastante perdidos por ese lado. En el país la aspiración máxima es 'largarse'... y eso es penoso", señala.
Actualmente, Rueda está trabajando en lo que será su nuevo disco del que debe seleccionar cerca de 50 temas.
Visite: www.todorueda.com
Canción de Luis Rueda ganadora del Festival de Artes al Aire Libre en la categoría profesional música nacional.
De bajada embajada
Desesperadamente, voy buscando en mi orgullo,
esa respuesta urgente que al fin me cuente quién soy yo.
Nuestras raíces aguadas sueñan con ser importadas,
no hablen de identidades, en un país con dolarización.
Si logro ser un gringo wachanwere, será tan diferente,
llegar a residente es una obligación.
O mejor aplicarle a la italiana, así quizás la mafia siciliana,
si friego bien sus pisos, me asciendan a matón.
La rabia me envenena, mi origen me condena,
con la esperanza nula, prefiero ser mula en el exterior.
Pero en toda embajada, solo hallé visa negada,
la cagaste Bolívar ahora podría ser español.