Indígenas de la etnia hnahnu, en el centro de México, venden la experiencia simulada de cruzar a medianoche la frontera hacia Estados Unidos a escondidas.
Para que los turistas extranjeros vivan personalmente los rigores del viaje de los migrantes irregulares hacia Estados Unidos, como arrastrarse, atravesar túneles, esconderse en campos de maíz o incluso ser secuestrados por traficantes, indígenas mexicanos ofrecen un simulacro en el parque ecológico Eco Alberto, en el estado de Hidalgo, centro del país.
Los “cruces” tienen lugar desde hace dos años en esa extensión de tierra administrada por los habitantes de la zona, de la etnia hnahnu, quienes se valen de su experiencia en atravesar la frontera con Estados Unidos.
Luis Santiago Hernández, uno de los líderes comunitarios e impulsores del proyecto, dice que las caminatas se organizan con grupos de un mínimo de 20 turistas, “porque se requiere del trabajo de unas 72 personas de la comunidad”.
En el recorrido, que comienza siempre a las ocho de la noche y suele terminar a las dos de la madrugada siguiente, los empleados del parque se turnan para servir de guías, vigilantes, encender antorchas, emular los ruidos de la Patrulla Fronteriza estadounidense, y hacer los “levantones” (secuestros en camioneta) de los turistas.
Hasta ahora han recibido turistas de Argentina, Chile, Perú, Colombia, EE.UU., Canadá y Francia, entre otros, que se sienten atraídos por la emoción de vivir una noche como inmigrantes indocumentados.
Además, junto a Eco Alberto, en el municipio de Ixmiquilpan, a unas dos horas de la capital mexicana, corre el cauce del río Tula a modo de Río Grande, lo que asemeja aún más el recorrido a la realidad.
Fuentes de la Secretaría de Turismo de Hidalgo explican que la geografía de la comunidad, árida y montañosa, se puede prestar a la simulación del cruce fronterizo.
Hernández, que ha cruzado la frontera en cinco ocasiones y permaneció un total de 15 años en territorio estadounidense, dice que la iniciativa se creó con el propósito de “generar empleo para que las personas de la comunidad no tengan que emigrar hacia Estados Unidos en busca de oportunidades y para concienciar a los turistas del fenómeno migratorio”.
Durante el paseo, que cuesta 150 pesos (unos 14 dólares), los indígenas explican a los turistas quiénes son “para que entiendan que luchamos por un mejor nivel de vida”, dice Hernández.