"Tenemos que hacer cumplir nuestras leyes, tenemos que asegurar nuestras fronteras, y nos tomamos esa responsabilidad seriamente", dijo Bush.
El presidente George W. Bush firmó este jueves una ley para construir 1.100 kilómetros de vallas adicionales en la frontera con México.
La medida ocurre 12 días antes de las elecciones legislativas y daría al oficialista Partido Republicano argumentos para decir que está combatiendo contra la inmigración ilegal.
"Desafortunadamente Estados Unidos no ha tenido un control total de su frontera durante décadas y por lo tanto la inmigración ilegal ha ido en aumento", declaró el presidente en la ceremonia.
Bush dijo que la ley es "una medida importante de los esfuerzos de nuestra nación para proteger nuestras fronteras".
El eje de la política de inmigración de Bush, un programa para trabajadores temporales, permanece estancado en el Congreso; y un grupo de representantes republicanos ha frenado las negociaciones con el Senado sobre una iniciativa que incluye la propuesta del presidente.
La llamada "ley del muro" solo ha conseguido polarizar al electorado estadounidense porque, según analistas, esta no frenará la inmigración ilegal en este país.
El mandatario firmó la ley, aprobada el mes pasado por el Congreso, en medio de una pugna partidista, durante una ceremonia de bajo perfil en el pequeño salón Roosevelt de la Casa Blanca.
Cuando faltan menos de dos semanas para los comicios legislativos, algunos observadores señalan que la firma de la ley es un guiño a la base conservadora del Partido Republicano, que está molesta con Bush por el rumbo de la guerra en Iraq, la falta de austeridad fiscal y, en este caso, el incesante flujo de inmigrantes indocumentados.
"En este ambiente electoral, nadie quiere tocar el tema de la inmigración y, en vez de una respuesta integral a un problema tan complejo, los republicanos prefirieron sacarle ventaja política", dijo Debbie López, consultora política y vicepresidenta del Foro Hispano Comunitario de Arizona.
Bush ha firmado una ley que no es completamente de su agrado, ya que siempre ha insistido en que la solución más viable a la presencia de doce millones de inmigrantes indocumentados es una reforma migratoria integral.
Esa reforma debe incluir, a juicio de la Casa Blanca, un programa de trabajadores huéspedes y una vía para la legalización de ciertos inmigrantes indocumentados.
Tras varios meses de audiencias, negociaciones y campañas de movilización a favor de una reforma migratoria integral, el Gobierno de EE.UU. responde con la promesa de construir un muro de más de 1.126 kilómetros de largo en la frontera sur, por donde se cuela la mayor parte de los inmigrantes clandestinos.
La construcción del muro se completará a discreción del Departamento de Seguridad Nacional, que determinará dónde colocar tanto ese muro como otros tipos de barreras físicas y virtuales en la zona.
Reforzar la vigilancia
Con un presupuesto de 1.400 millones de dólares y poco más de 10.500 agentes, la Patrulla Fronteriza tiene a su disposición diversos tipos de cercos, bardas de acero, barreras vehiculares, chapas metálicas, complejos equipos de vigilancia y telecomunicaciones, además de aviones no tripulados y tecnología militar de punta, entre otros recursos.
Este año también contó con el apoyo logístico de unos 6.000 miembros de la Guardia Nacional.
El muro forma parte de la política de contención del flujo migratorio ilegal en Estados Unidos, pero ha sido repudiado por el Vaticano, el sector empresarial, grupos defensores de los derechos humanos, varios gobiernos latinoamericanos y figuras políticas del mundo.
"(Ese muro) es inhumano y no responde a las verdaderas raíces del problema de la inmigración", dijo Sue Ann Goodman, directora ejecutiva de Fronteras Compasivas, un grupo arizonense que reparte agua a los inmigrantes que se aventuran por el desierto.