Las celebraciones ayer del 50º aniversario del levantamiento húngaro de 1956 contra la Unión Soviética estuvieron marcadas por los enfrentamientos violentos en Budapest entre manifestantes de extrema derecha y la policía, que usó bolas de goma y gases lacrimógenos.
El programa oficial de ceremonias terminó anoche con la inauguración de un monumento cerca de la Plaza de los Héroes, dedicado a los sublevados.
Cuando se descubrió la obra de arte, unas 300 personas que se encontraban en medio de la multitud gritaron: "¡Gyurcsany, vete!", refiriéndose al primer ministro húngaro, Ferenc Gyurcsany, en ese momento arrodillado ante la escultura.
Horas antes, y cerca de donde se produjeron los enfrentamientos entre los policías y los manifestantes, el líder del principal partido de la oposición conservadora (Fidesz), Viktor Orban, se dirigió ante 40.000 personas para exigir de nuevo la dimisión del socialista Gyurcsany, ex comunista.
Por la tarde, la policía disparó bolas de goma contra miles de manifestantes congregados cerca de la plaza Elisabeth, no lejos del Parlamento.
Unas 40 personas sufrieron heridas leves, según los servicios de socorro húngaros.
La policía dispersó a la 01h30 de hoy (18h00 de ayer en Ecuador) el último grupo manifestantes tras unas barricadas en el puente Elisabeth, en el centro de Budapest.
La insurrección de 1956 comenzó el 23 de octubre con una manifestación estudiantil, y finalmente fue aplastada de forma sangrienta por los tanques soviéticos el 4 de noviembre. La represión dejó 2.800 húngaros muertos, 12.000 heridos, y provocó un éxodo a los países occidentales de 200.000 personas.